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Espacio de Luis CastilloNoche de Luna
12/16/2008 Cacho Castaña
Y apareciste tú
remEl amor cuando se busca nunca llegasiby aparece cuando menos te los esperasdo Facuando muere la ilusión y el corazón esta dormido.Sibcuando piensas que el futuro ya pasoremy las pocas ilusiones quedan muertassib la7hoy que todo me da igual otra ilusión golpea mi puertaESTRIBILLOREy apareciste tu...re7 SI7 Mimdesvelo de mi noche sin amor a donde estabas??SI7 mim SOL LA7 REy apareciste tu y ya nada fue los mismo para mi con tu llegadaLA7 RE RE7 SI7 Mim soly apareciste tu cambiando con tu luz y tu mirar todo por nadasolm RE SI7 Mim LA7 REque apareciste tu y en mi ventana, volvió a salir el sol....por las mañanas
Remnuevamente me hace bien esto de amarSibaunque dure lo que dure q mas daDO FAlo importante es que mi piel vuelva a sentir la fantasíaSibpuede ser que se me rompa el corazónRempuede ser que sea el verdadero amorSib LA7pude ser que salga bien o salga mal así es la viday apareciste tu...desvelo de mi noche sin amor a donde estabas??y apareciste tu y ya nada fue los mismo para mi con tu llegadaya apareciste tu cambiando con tu luz y tu mirar todo por nadaque apareciste tu y en mi ventana, volvió a salir el sol por las mañanas
Ojalá que no puedas
Le mentí que por ella yo iba a dejar mi mujer y mis hijosLe mentí tantas veces que anoche se fue...y al marcharse me dijo...RemOjalá que no puedas ni besarla en la bocaSolmY al mirarla a los ojos que sospeche que hay otra,DOQue la arranca a tu vida lo que ella no puedeFA LA7Que le arranca a tu sangre lo que no se atreveRemOjalá que no puedas destapar la botellaSolmDe tu vino caliente cuando duermas con ella.DOEstoy harta del trueque de la hipocresía,FA LA7Que despierten sus pieles pensando en la míaESTRIBILLOSolm DO FAOjalá que no puedas hacerle el amor cuando duermas con ella.Sib LAOjalá que no puedas hacerle el amor,RemOjalá que no puedas...Solm DOOjalá que no puedas hacer que tu pielFASea gigante de sueños...Sib RemQue se muera de ganas, que no tenga consuelo,Solm LAQue le sangren las manos si acaricia tu pielRemO acaricia tu pelo...
Le mentí que por ella yo iba a dejar mi mujer y mis hijosLe mentí tantas veces que anoche se fue...y al marcharse me dijo...
Ojalá que no puedas, lo que hacías conmigo,Cabalgando en mi vientre te quedabas dormido.Y en tu boca quedaba mi tibio candor,Y en la mía quedaba tu loco sudor.Ojalá, ojalá que no puedas tengo celos de amante,Porque sé que en tu cama soy lo más importante.Ella se hace la tonta porque le conviene,Se alimenta conmigo si no no te tiene.
Garganta con arena
lam MI7 LA7Ya ves el día no amanece Polaco GoyenecheREcantame un tango masrem lamya ves la noche se hace largaFAtu vida tiene un karmaMI7cantar siempre cantar.lam MI7Tu voz que al tango lo emocionaLA7diciendo punto y comaREque nadie le cantórem lamtu voz de duendes y fantasmasFArespira en el asmaMI7 Lamde un viejo bandoneon.Estribillolam remCanta garganta con arenasol7 DOtu voz tiene la pena que Malena no cantorem FAcanta que Juarez te condenarem MI7al lastimar tu pena con su blanco bandoneónlamcanta, la genteremesta aplaudiendoSOL7y aunque te estés muriendoDOno conocen tu dolorrem FAcanta que Troilo desde el cielorem MI7 lamdebajo de tu almohada un verso te dejo.lam MI7Cantor de un tango insolenteLA7 REhiciste que a la gente le duela tu dolorrem lamcantor de un tango equilibristaFAmas que cantor artistaMI7con vicios de cantorlam MI7ya ves, a mi y a Buenos AiresLA7nos falta siempre el aireREcuando no está tu vozrem lamA vos, que tanto me enseñasteFA MI7 lamel día que cantaste conmigo una canción.Voy camino a los 50
Lam RemVoy camino a los 50, punto y coma de la vida,SOL DOSin pensar, sin darme cuenta: cerca del punto final.MI Lam RemEsquivando los espejos que antes fueron mi alegría,FA MIY hoy los miro desde lejos para poderme peinar...Voy camino a los 50, reflexiones y balances,Presintiendo los percances que muy pronto han de llegar:Si no dejo el cigarrillo se me muere la garganta,Porque siento que no canta como tiene que cantar...ESTRIBILLOLam RemMe da bronca cuando pienso que ya esta, que esto fue todo,SOL DOY que sigo estando solo por mi forma de pensar.MI Lam RemQue el amor que yo quería, y a mi vida no llegaba,SOL DO MIFue una loca fantasía que jamás pude lograr.Lam RemVoy camino a los 50, punto y coma de la vida,FA MI LamSin pensar, sin darme cuenta... cerca del punto final.Voy camino a los 50, y aunque nunca se lo diga,Lo que resta de mi vida, se lo quiero regalar.Porque dentro de mi pecho tengo un sueño todavía,Y es un sueño que algún día, se que lo voy a lograr...Que tango hay que cantar
LaDecime bandoneón,FAqué tango hay que cantar,re m SOL DOno ves que estoy muriéndome de pena.sol m LA reYo sé que en tus archivos se quedóFA si 7 MIun tango que Gardel nunca cantó.Permiso bandoneón,tal vez Discepolínun verso te dejo para mi pena.Yo sé que con tu aliento a soledadmi angustia y mi dolor podes calmar.La¿Qué tango hay que cantar,para poder seguir,micreyendo en el amor una vez más?RE re LA Dte.siY así disimular ante la gentesi si 7 MIla pena de un amor que ya no está.¿Qué tango hay que cantar,decime bandoneón,yo sé que vos también lloras de amor?Tuviste un desengaño como el mío,la noche en que Malena se marchó.Hermano bandonéonsabeme perdonarsi a todos deschavé, cuál es tu pena.El beso que Malena no te diola noche en que amurado te dejó.Querido bandoneónprestame un tango más,no ves que están azules mis ojeras.Azules por el frío de un amor,amor que entra las sombras se perdió.¿Qué tango hay que cantar,para poder seguir,creyendo en el amor una vez más?Y así disimular ante la gentela pena de un amor que ya no está.¿Qué tango hay que cantar,querido bandoneón?Busquemos ese tango entre los dos.Tu pena con mi pena van del brazo,qué lindoque se hicieran el amor.
Septiembre del 88Septiembre de 1988, Buenos Aires, Argentina.Querido amigo: Recibí tu carta de ItaliaY me alegra mucho saber que... que todo está bien.Aquí la cosa... sigue igual...No está transparente... La crisis se pasea por la callesY la tristeza del pueblo es como un barco que no llega a destino.No se qué paso... No se cómo fue...Pero no te vuelvas... Te diré por qué...'DO SOLSi vieras qué triste que está la Argentina,Lam SOLTiene la mirada de los caminantes que ya no caminan.FA SOLSe muere de pena por tanta mentira,Mim LamDe tanta promesa por nadie cumplida.FASi vieras sus calles que tanto reían,SOLYa no son las mismas.DO SOLSi vieras que triste que está la Argentina,LamTiene la nostalgia de aquellos amantesSOLQue nunca se olvidan.FA SOLLa hicieron de goma parece mentira,Mim LamLa gente se escapa pero no hay salida,FAY hasta los gorriones de tanta tristezaSOLSe fueron de gira...Septiembre de 1988, Buenos Aires, Argentina.Querido amigo: Se me acaba de volcar el mateSobre la carta que te iba a mandar,Por eso te vuelvo a escribir.Me alegra mucho saber que te va bien.Aquí la cosa... sigue igual...Pero de una manera u otra vamos a salir adelante.Hay algo que no se debe perder nunca...Y es la esperanza...'DO SOLSi vieras qué linda que está la Argentina,Lam SOLTiene la mirada de la primer novia que nunca se olvida.FA SOLDesde los balcones llueven las glicinas,Mim LamY a pesar de todo... camina y camina.FASi vieras de nuevo que linda y que grandeSOLQue está mi Argentina.DO SOLBuenos Aires sigue... llena de gorriones.LamHay nuevos poetas que escriben sus tangosSOLY hay nuevos cantores...FA SOLY sigue teniendo la vieja locuraMim LamQue al doblar la esquina haya una aventura.FA SOLYa ves... Sigue viva y a pesar de todoDO DO7 FA SOLLlena de ternura...DO SOLSi acaso te encuentras, con otro emigrante,LamDecile que vuelva que pronto seremosSOLMejores que antes...FA SOLQue todo fue culpa de cuatro atorrantesMim LamQue sólo lograron que el pueblo no cante.FA SOlVolvé cuando quieras que juntos podremos...DOSalir adelante....FINAL: DO DO7 FA SOL DO
Para vivir un gran amor
DO MI7Para vivir... hay que tener un gran amor, para vivir...
Lam DO7Para vivir... se necesita un mundo nuevo descubrir...ESTRIBILLOFA SOL LamPara vivir... por el camino de la vida hay que seguir,Mim FACon la esperanza de llegar a ser feliz,SOL DO DO7Aunque dejemos otro amor en el pasado...FA SOL LamPara vivir... hay tantas cosas que se deben compartir,Mim FATantos momentos que se pueden convivir,SOL DOCon la tibieza de tu amor entre las manos...DO MI7Para vivir... yo necesito de tu amor, para vivir...Lam DO7Para vivir... yo necesito tu calor cerca de mí...ESTRIBILLOFA SOL LamPara vivir... por el camino de la vida hay que seguir,Mim FACon la esperanza de llegar a ser feliz,SOL DO DO7Aunque dejemos otro amor en el pasado...FA SOL LamPara vivir... por el camino de la vida hay que seguir,Mim FACon la esperanza de llegar a ser feliz,SOL DOPara vivir hasta morir... enamorado...Recitado:Para vivir... yo necesito de tu amor, para vivir...Para vivir... yo necesito tu calor cerca de mí...Para vivir... para llorar... para reír...Con la esperanza de llegar a ser feliz...ESTRIBILLOFA SOL LamPara vivir... hay tantas cosas que yo quiero compartir,Mim FAPara vivir, para llorar, para reír,SOL DO DO7Con la tibieza de tu amor entre mis manos...FA SOL LamPara vivir... por el camino de la vida debes seguir,Mim FACon la esperanza de llegar a ser feliz,SOL DOPara vivir hasta morir... enamorado...
Cacho de Buenos Aires
Por esa puta costumbreD-de andar haciéndome el vivo,G7el que se las sabe todasCy todas las ha vivido.A7El que tuvo mil amoresD-llorando sobre su almohada.F¡Por esa puta costumbreEal final no tengo nada!Por esa puta costumbrede regalar carcajadas,para mostrarle a la genteque nunca lloro por nada.Inventando mil historiaspara deslumbrar amigos.¡Por esa puta costumbrecuantas cosas he perdido!A-Soy Cacho de Buenos AiresD-y no hay farol que me alumbre.G7¡Mi gran amor lo perdíCpor esa puta costumbre!A-¡Soy cacho de Buenos AiresD-y tengo un sueño escondido,E A-cantar igual que Gardel!Por esa puta costumbrede hacerme el galán de moda,tomando whisky sin hielo,saber, saber que es mala la droga.Cantor que canta al amor,de tanto amor se confunde,y se queda sin amor,¡por esa puta costumbre!Soy Cacho de Buenos Airesy no hay farol que me alumbre.¡Mi gran amor lo perdípor esa puta costumbre!¡Soy cacho de Buenos Airesy tengo un sueño escondido,cantar igual que Gardel!A- D-¡Mi Buenos Aires querido,G Cantes del amanecer,D- A-voy a entoldarte las callesE A-por si volviera Gardel!9/23/2008 Los Nocheros 1Escribeme una carta
Am E7Una carta mi amor solo una cartaAmQue me cuente detalles de tu vidaA7 DmLa gente que conoces, los sueños que te habitanF E7 AmY me recuerde el llanto de nuestra despedidaAm E7Una carta que diga que me extrañasAmMas alla de todos los sentidosA7 DmY que a pesar del tiempo que para todos pasaF E7 AmNo hay tiempo entre nosotros, ni olvido, ni distanciaAmEscri...beme, con tinta de violetaA7 DmEn un papel de amor... color ausenciaG7Escríbeme, poniendo en cada trazoLa fiebre de tu pulsoQue se me vuelve abrazoCY es un abrazo tuyoE7 AmUna carta mi amor, solo una cartaA7 DmQue me empañe los ojos de alegríaDmUna carta que diga que me extrañasEmQue me quieres y que sigues siendo míaF E7Solo mía, siempre míaE7 Am E7 AmUna carta mi amor...una carta mi amor
Cosa peligrosa
Do Re7 Sol Do Si7Me bastará tan solo de tu boca oír te amo,Mim Re Sol Do Si7y desde la distancia al infinito te hallaré.Sol Re Min Si7En cada movimiento pendular de un triste otoño,Mim Re Do Solveré todo el verano resbalar sobre tu pielDo Re7 Sol Do Si7Me bastará tan solo que un te quiero de tu boca,Mim Re Sol Do Si7se escape cielo adentro hacia una nueva dimensiónSol Re Mim Si7Y asi aceptar que solo yo comprendo esta locura,Mim Re Do Si7y nadie mas divulgue lo increíble de este amorEstribilloDO RE SolPero mira que cosa tan graciosa es mi ilusión,Si7 Mimyo aquí soltando sueños y esperanzas a los vientosDo Re SolPero mira que cosa peligrosa es tu querer,Si7 Mimte juegas al azahar y apuestas con mis sentimientosEl río va llevando las caricias de tus manosy el aire aquel momento que inventamos la pasiónNo existe fiel testigo que descubra con palabrasel beso que provoca mi perdida tentaciónEstribilloLa, la, la....pero mira que cosa, que cosa peligrosa(idem estribillo)
Cuando se enferma el amorSim MimNo se en que abrazo una nocheLa7 Re FA# Simse nos perdió la pasión,Sim Mise vuelve gris la miradaFA# Simcuando se enferma el amorComo un poema olvidadode alguna vieja canciónse marchito la promesaque nos juramos tu y yoSim MimQue hicimos mal amor míoLa7 Reque se hace triste la risaSim Solno encuentro ni una cariciaMim Fa#que no se ha vuelto rutinaFa# Sim MimAmor amor porque el amorLa7 Rea veces calla y a veces gritaMim Simquieres dejarme, pero no quieresSol Fa#vas a perderme pero no cedesFa# Sim Mimamor amor, porque el amorLa7 Rea veces sangra como una heridaMim Simvoy a perderte, pero presientoSol Fa# Simque voy a amarte toda la vida
Donde muere el marIlam remSólo tengo para enviarte amormi7 lammil deseos de volverla7 remy una gota de este corazón,fa mi7 laque no deja de llover.coro:rem mi7 lamSi mi canción, llegara a ti,faque donde muere el mar,misus4 mi7 fa7comienzan mis sueños a vivir.IIlam# rem#Que algún ángel borre mi obsesión,fa7 lam#por tus manos que besé,soly el dolor de tanto recordar,fa7 lam# fa7#el llamado de tu piel.- coro - (tocar al mismo tono de la estrofa II)IIIsim mimQue te llegue desde mi jardín,fa7# simuna flor por despertar,sol7#un extracto de mi loco amor,fa#7 simy este cuento sin final.-coro- (tocar al mismo tono de la estrofa III)(IV = esta estrofa no cambia de tono con respecto a laestrofa anterior)IVDe las mil palabras que mi vozte dejo un atardecersólo me falto decirte adiósporque nunca te dejé.-coro-(Se canta al mismo tono que la estrofa IV y III)<(para entrar al coro usar acorde SOL7)Se repite el coro, pero esta vez un semitono más alto)>dom famSi mi canción, llegara a ti,sol7 domque donde muere el mar,sol/# sol7 domcomienzan mis sueños a vivir.
Entre la tierra y el cieloMim LamYo siento que me provocasSi7 MimAunque no quieras hacerloLamEstá grabado en tu bocaSi7 MimAl rojo vivo el deseo.Sol LamY casi puedo tocarteRe7 SolComo una fruta maduraMim LamPresiento que voy a amarteSi7 MimMás allá de la locura.MimVoy a comerte el corazón a besosLamA recorrer sin límites tu cuerpoRe7Y por el suelo nuestra ropaSuave gota a gotaSol Si7Voy a emborracharme de pasiónVoy a comerte el corazón a besosA recorrer sin límites tu cuerpoVoy a dejar por tus rinconesPájaros y floresComo una semilla de pasiónAhora tu sueltas el peloY así descalza caminasVoy a morder el anzueloPues quiero lo que imaginasCuando se cae tu vestidoComo una flor por el sueloNo existe nada prohibidoEntre la tierra y el cielo
Mama, MamáLam RemAún siento tu mano aquí sobre mi frenteSol7 Do Mi7es el mejor remedio para mi dolorLam Remcuando te necesito siempre estás presenteSi7 Mi7mi mundo se transforma al oír tu voz.Lam RemAsí fueron las cosas desde que era un niñoSol7 Do Do7a cada interrogante tu palabra al finFa Sol7 Do Lamme daba una respuesta sabia, tu luz me iluminaba el almaRem Mi7 Lamy no existían dudas para mí.EstribilloRem Sol7 DoMama mamá, es tanto lo que tú me dasRem Sol7es una deuda tierna, amorosa, eternaMi7 Lamimposible de pagar.Rem Sol7 Do7Mama mamá, es tanto lo que tú me dasLa7 Remque no me alcanzaría con tener diez vidasMi7 Lampara amarte más y más.A veces me parece que te sobran brazospara abrigar a todos en tu corazónte multiplicas tanto sin medir el pasoque en vez de una sola tú eres un millón.Yo tengo muchas madres para mi fortunala que me pone a salvo, la que da valorla que trabaja y deja huellala dama para siempre bellala que nos ilumina con amor.Estribillo...... Mama mamá, es tanto lo que tú me dasque no me alcanzaría dulce madre míapara amarte más y más.
No saber de tiG C DNadie me habla de ti sin embargo te extrañoG C DNo me resigno a olvidarte aunque pasen los añosC DQue será de tiG EmPor dónde andarásC D G C DA que distancia te encuentras de mi soledadComo quisiera saber si es que aún me recuerdasSi has preguntado por mí si te duele mi ausenciaQue ha cambiado en tiy en tu corazónComo ha seguido tu vida después de mi amorDesde que no estas aquí ya no puedo encontrarDe nuevo el sentido de la libertadSin ti no imagino volver a empezarQuiero saber que fue de tiEmDesde que no estas aquíCSolo me habita el dolorAm DSe me va la vida sin saber de tiG DAmorDesde que no estas aquí.....Canciones Los Nocheros 2
12/1/2006 PoemasUn día decidí… Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar...
En tu ausencia
En tu ausencia aprendí, que nuestra amistad, sobre todas las cosas, siempre vivirá.
En ti encontré una amiga, a la cuál nunca olvidaré, y siempre que vea al mar, a mi mente volverás.
Aunque lejos de mí te encuentres, en mi corazón un espacio tendrás, y cuando llegue el momento, nos volveremos a encontrar.
Porque en nuestra vida estará, una razón muy especial, que nunca ha de morir, y esa es nuestra amiga, la Amistad.
Locura Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos, cualidades y defectos de los seres humanos. Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura como siempre tan loca, les propuso: ¡Vamos a jugar a las escondidas! La intriga, levanto la ceja intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: ¿a las escondidas?, ¿Y cómo es eso? "Es un juego", explicó la locura, "en el que yo me tapo los ojos y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre ocupa mi lugar para comenzar el juego". El entusiasmo bailó secundado por la euforia, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, Si al final siempre la hallaban. La soberbia opinó que era muy tonto (en realidad lo que le molestaba, era que la idea no fue suya) y la cobardía, prefirió no arriesgarse. "Uno, dos, tres...", comenzó a contar la locura. La primera en esconderse fue la pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo...y solo para él. La mentira se escondió en el fondo del océano, (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris), y pasión y el deseo en el centro de los volcanes. El olvido...ya se me olvidó donde se escondió...pero no es lo importante. Cuando la locura contaba 999.999, el amor aun no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y enternecido, decidió esconderse entre sus flores. "Un millón", contó la locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la pereza, solo a tres pasos debajo de una piedra. Después, encontró a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre la zoología, y a la pasión y al deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia y claro, pudo deducir donde estaba el éxito. Al egoísmo no tuvo que ni buscarlo, él solito salió de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar, la locura sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la belleza, y con la duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado ocultarse. Así, fue encontrando a todos. Al talento, entre la hierba fresca, a la angustia, en la oscura cueva, a la mentira, detrás del arco iris, (mentira, si se había escondido en el fondo de los océanos), y hasta al olvido... al que ya se le había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Pero el amor, no aparecía en ningún sitio. La locura buscó detrás de cada árbol, dentro de cada riachuelo del planeta, en la cima de las montañas... y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y las rosas. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto, un grito de dolor se escuchó... las espinas habían herido los ojos del amor. La locura, no sabía como disculparse. Lloró, rogó, imploró, pidió perdón, y hasta prometió ser su lazarillo. Y desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra, el amor es ciego, y la locura lo acompaña.
Con el tiempo... Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar el alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse, y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender... Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado...hasta el sol quema. Jorge Luís Borges
No Me Pidas Podes pedirme que acabe con Podes pedirme que viaje hasta el sol Podes pedirme que en una noche estrellada Podes pedirme que haga retroceder los relojes Podes pedirme que cruce los océanos a nado Podes enloquecer incluso y pedirme Pero por favor no me pidas Por ejemplo no me pidas No me pidas No me pidas No me pidas No me pidas Pero por sobre todas las cosas ¡Que deje de amarte!
Amar... más allá
Amar... Más allá de la distancia, Sin límite, ni tiempo Sólo amar es lo que anhelo, Aunque no vea lo que quiero.
Amar... Más allá del cuerpo, Donde y cuando hay amor Lo demás es último término... Siempre y primero el amor.
Amar... Más allá de un cuerpo, Cuando es puro el sentimiento, No importa como seas, No existen barreras, Ni espacio, ni tiempo.
Amor Inevitable Eres Reina que exige la cordura como tributo Mujer fatal, niña traviesa Cual Ángel de la Guarda me acompaña Recuerdo que sin motivo pediste perdón. Dios me quiere de ti separado He buscado el sabor de tus labios en otros labios Ya no me engaño... ¡Por siempre te será Fiel!
Ausencia Si todo pensamiento me sabe a tu presencia Adónde están la magia y la fantasía Si no hay tiempo, ni barreras, ni distancias
Como aprendí...
Qué cómo aprendí a vivir
Cosas que he aprendido
Dime Dime por favor donde estás, Dime por favor dónde pueda caminar Dime por favor cuál es el cielo Dime por favor cuál es el rincón Dime por favor cuál es la noche
Dos rosas
Dos rosas unidas para siempre Y un vacío que cubre su manto Dos vidas unidas que sienten alegrías Dolores y llantos
Dos rosas que lloran la ausencia Brisas y nubes que vuelan Dos rosas que piden clemencia Dos rosas que de amor ciegan
Dos rosas buscando el amor Sudan rocío en el corazón Dos rosas que buscan calor Versos, miradas y canción
Rosas que están separadas La crueldad de la distancia Son rosas enamoradas Un amor que nunca cansa
Tu eres una de esas rosas Yo la otra unida a ti Y sobre todas las cosas Solo tu estas aquí
Dulce Princesa Vagaba insensible por esta vida sin color
11/15/2006 Estractos y cuentos de Jorge Bucay 1
Identidad personal La definición de identidad personal pasa necesariamente por el hecho de que haya habido otro que diga: éste sos. Si no existe otro en nuestra vida, aparece la sensación de incompletud. Otro que simpatice conmigo, que me dé su reconocimiento y que me haga saber de su aprobación.Narciso era un joven muchacho, tan hermoso que hasta las deidades del Olimpo celaban su belleza. Un día mientras tomaba agua en un estanque, Cupido fue enviado por los dioses para herirlo con unas de sus flechas. Así fue como Narciso se enamoro de su propia imagen; tanto, que ninguna otra persona volvió a parecerle atractiva, aunque otras seguían enamorándose de él. Ese era el resultado deseado por los dioses, el sufrimiento infinito de verse privado del placer de amar. Eco por su parte, también había sido víctima de un conjuro, la esposa de Zeus le había quitado el don del habla. Afrodita, la diosa del amor y la belleza, se había compadecido de Eco no pudiendo deshacer el hechizo anterior, lo atenuó, permitiéndole hablar pero solo para repetir lo que otros dijeran. Cuenta la leyenda que un día Narciso caminaba por la orilla del un río, triste como siempre, sufriendo su pena, y desde detrás de un matorral Eco lo espiaba. Como todos los que se cruzaban con Narciso, también Eco se enamoro del joven pero no se animo a salir a su paso dado que nada podría decirle salvo que él le hablara primero. Dolorida por su condena, Eco lloro. -¿Quién esta ahí?- pregunto Narciso al escuchar el llanto. -¿Quién esta ahí?- contestó Eco. -Soy yo, Narciso. ¿Y tú quién eres? -Soy yo- repitió Eco. -Sal a luz, quiero verte- dijo el joven. -Quiero verte- dijo Eco. -Ven aquí entonces- comandó Narciso. -Ven aquí- repitió Eco-, ven aquí. Narciso temió una nueva trampa de los dioses y no se atrevió a internarse en la espesura. -¿Tú no entiendes que necesito amar a alguien?- preguntó Narciso. -Tú no entiendes- contestó Eco llorando. -Si no sales ya mismo…-exigió Narciso-…vete y adiós. -Adiós-repitió Eco-, adiós…adiós… El bello joven se dio cuanta de que el amor por fin llegaba a su corazón. Quizás porque al no ver a su amada no había tenido una imagen con quien compararla; quizás porque su voz solo le devolvía sus propias palabras… lo cierto es que sin razón para él, Narciso finalmente se había enamorado. -Vuelve por favor-gritó-. Yo te amo. Pero era tarde… la doncella ya no podía escucharlo. Narciso se sentó junto al río y lloro. Lloro como nunca había llorado, toda esa tarde y también toda esa noche. Tanto lloro Narciso que por la mañana, al salir el sol, su cuerpo se había secado y el joven amaneció transformado en una flor: el narciso, que desde entonces crece en las orillas de los ríos reclinado sobre el agua como llorando sobre su imagen reflejada.
Acerca del amor
Cada uno de nosotros tiene una sola manera de querer, la propia. Querer y mostrarte que te quiero pueden ser dos cosas distintas para mí y para vos. Y en estas, como en todas las cosas, podemos estar en absoluto desacuerdo sin que necesariamente alguno de los dos este equivocado. Mi mamá puede mostrarte que te quiere de muchas maneras. Cuando te invita a su casa y cocina comida que a vos te gusta, eso significa que te quiere; ahora, si para el día que estas invitada ella prepara dos o tres de es deliciosas comidas que ella sabe hacer y le llevan muchas horas de preparación, eso para mi mamá es que te ama. Y si uno no aprende a leer esta manera, puede quedarse sin darse cuanta de que para ella esto es igual a decir te quiero. ¿Es eso ser demostrativo? ¡Qué se yo! En todo caso esta es su manera de decirlo. Si yo no aprendo a leer el mensaje implícito en estos estilos, nunca podré decodificar el mensaje que el otro expresa. Cuando alguien te quiere, lo que hace es ocupar una parte de su vida, de su tiempo y de su atención en vos.
Cuentan que una noche, cuando en la casa todos dormían, el pequeño Ernesto de cinco años se levanto de su cama y fue al cuarto de sus padres. Se paró junto a la cama del lado de su papá y tirando de las cobijas los despertó. -¿Cuánto ganas, papá?- le preguntó. -Ehhh... ¿cómo?- preguntó el padre entre sueños. --Qué cuánto ganas en el trabajo. -Hijo, son las doce de la noche, andate a dormir. -Si papi, ya me voy, pero vos, ¿cuánto ganas en el trabajo? El padre se incorporó en la cama y en grito ahogado le ordenó: -¡te vas a la cama inmediatamente, esos no son temas para que vos preguntes! ¡¡y menos a la media noche!!- y extendió su dedo señalando la puerta. Ernesto bajó la cabeza y se fue a su cuarto. A la mañana siguiente el padre pensó que había sido demasiado severo con Ernesto y que su curiosidad no merecía tanto reproche. En un intento de reparar, en la cena el padre decidió contestarle al hijo: -Respecto a la pregunta de anoche, Ernesto, yo tengo un sueldo de 2.800 pesos pero con los descuentos me quedan unos 2.200. -¡Uhh!... cuánto que ganas, papi- contestó Ernesto. -No tanto hijo, hay muchos gastos. -Ahh… y trabajas muchas horas. -Si hijo, muchas horas. -¿Cuántas papi? -Todo el día hijo, todo el día. -Ahh- asintió el hijo y siguió –entonces vos tenés mucha plata ¿no? --Basta de preguntas, sos muy chiquito para estar hablando de plata. Un silencio invadió la sala y callados todos se fueron a dormir. Esa noche, una nueva visita de Ernesto interrumpió el sueño de sus padres. Esta vez traía un papel con números garabateados en la mano. -Papi ¿vos me podes prestar cinco pesos? -Ernesto… ¡¡son las dos de la mañana!!- se quejó el papá. --Si pero ¿me podé… El padre no le permitió terminar la frase. - Así que este era el tema por el cual estás preguntando tanto de la plata, mocoso impertinente. Andate inmediatamente a la cama antes de que te agarre con la pantufla… Fuera de aquí… A su cama. Vamos. Una vez más, esta vuelta puchereando, Ernesto arrastró los pies hacia la puerta. Media hora después, quizás por la conciencia del exceso, quizás por la mediación de la madre o simplemente porque la culpa no lo dejaba dormir, el padre fue al cuarto de su hijo. Desde la puerta escuchó lloriquear casi en silencio. Se sentó en su cama y le habló. -Perdóname si te grité, Ernesto, pero son las dos de la madrugada, toda le gente esta durmiendo, no hay ningún negocio abierto, ¿no podías esperar hasta mañana? -Si papá- contestó el chico entre mocos. El padre metió la mano en el bolsillo y sacó su billetera de donde extrajo un billete de cinco pesos. Lo dejó en la mesita de luz y le dijo: -Ahí tenés la plata que me pediste. El chico se enjugó las lágrimas con la sábana y saltó hasta su ropero, de allí sacó una lata y de la lata unas monedas y unos pocos billetes de un peso. Agregó los cinco pesos al lado del resto y contó con los Después agarró la plata entre las manos y la puso en la cama frente a su padre que lo miraba sonriendo. -Ahora sí- dijo Ernesto –llego justo, nueve pesos con cincuenta centavos. -Muy bien hijo, ¿y qué vas a hacer con es plata? -¿Me vendés una hora de tu tiempo, papi?
Cuando alguien te quiere, sus acciones dejan ver claramente cuánto le importás.
Hay muchas cosas que yo puedo hacer para demostrar, para mostrar, para corroborar, confirmar o legitimar que te quiero, pero hay una sola cosa que yo puedo hacer con mi amor, y es quererte. Ocuparme de vos, actuar mis afectos como yo los sienta. Creencias del amor eternoQuizás el más dañoso y difundido de los mitos acerca del amor es el que promueve la falsa idea de que el “verdadero amor” es eterno. Los que lo repiten y sostienen pretenden convencernos de que si alguien te ama, te amará para toda la vida; y que si amas a alguien, esto jamás cambiará. Y sin embargo, a veces, lamentablemente y dolorosamente, el sentimiento se aletarga, se consume, se apaga y se termina… Y cuando eso sucede, no hay nada que se pueda hacer para impedirlo. Estoy diciendo que se deja de querer. Creer que el amor es eterno es vivir encadenado al engaño infantil de que puedo reproducir en lo cotidiano aquel vínculo que alguna vez tuve real o fantaseado: el amor de mi madre: un amor infinito, incondicional y eterno. Este es el vínculo que inconscientemente buscamos reproducir, un vínculo calcado de aquel en mucho aspectos.
El amor es una llama que consume Y consume porque es fuego, un fuego eterno… Mientras dure.
Con respecto a los problemas afectivos, hay tres grupos de personas: aquellas que quieren ser queridas mas de lo que son queridas, aquella que quieren dejar de querer a aquel que no las quiere mas porque le es muy doloroso, y aquellas que les gustaría querer mas a quien ya no quiere, porque todo seria mas fácil. Lamentablemente, todos se enteran de las mismas malas noticias: no sólo no podemos hacer nada para que nos quieran, sino que tampoco podemos hacer nada para dejar de querer. Qué fácil seria todo si se pudiera elevar el querómetro apretando un botón y querer al otro mas o menos de lo que uno lo quiere, o girar una canilla hasta conseguir equiparar el flujo de tu emoción con el mío. Pero las cosas no son así. La verdad es que no puedo quererte más que como te quiero, no podes quererme ni un poco más ni un poco menos de lo que me querés.
Cuenta una vieja leyenda sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de las manos, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las mas hermosas mujeres de la tribu. - Nos amamos- empezó el joven. -Y nos vamos a casar- dijo ella. -Y nos queremos tanto que tenemos miedo. -Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. -Algo que nos garantice que podemos estar siempre juntos. -Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte. -Por favor- repitieron -¿hay algo que podamos hacer? El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra. -Hay algo...- dijo el viejo después de una larga pausa. -Pero no se.... es una tarea muy difícil y sacrificada. -No importa- dijeron los dos. -Lo que sea- ratificó Toro Bravo. -Bien- dijo el brujo -Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin mas armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón mas hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste? La joven asintió en silencio. -Y tu Toro Bravo- siguió el brujo -deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la mas bravía de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta....Salgan ahora. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de la bolsa. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe. -¿Volaban alto?- pregunto el brujo. -Sí, sin dudas. Como lo pediste.... ¿Y ahora?- preguntó el joven- ¿Los mataremos y beberemos el honor de su sangre? -No- dijo el viejo. -Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne- propuso la joven. -No- repitió el viejo. -Hagan lo que les digo. Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con éstas tiras El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse. -Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no solo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados. Intimidad
Las relaciones íntimas tienen como punto de mira la idea de no quedarse en la superficie, y es esta búsqueda de profundidad la que le da la estabilidad para permanecer y trascender en el tiempo. La relación íntima me permite, como ninguna, el ejercicio absoluto de la autenticidad. Intimidad implica entrega y supone un entorno suficientemente seguro como para abrirnos. Sólo en la intimidad puedo darte todo aquello que tengo para darte. Una de las características fundamentales de estos vínculos es el respeto a la individualidad del otro. Las semejanzas llevan a que nos podamos juntar. Las diferencias permiten que nos sirva para estar juntos. Para poder construir una relación de intimidad hay ciertas cosas que tienen que pasar. Tres aspectos de los vínculos humanos que son como el trípode de la mesa en el cual se apoya todo lo que constituye una relación íntima. Esas tres patas son:
Amor Atracción Confianza
Para que la relación íntima perdure, es decir, para que el trípode donde se apoya la relación permanezca incólume, tengo que ser capaz de seguir queriéndote, tengo que poder confiar en vos, tenés que seguir resultándome una persona atractiva. Para que tengamos intimidad, es importante que me quieras, que confíes en mi y que te guste. Esto de las tres patas no seria tan problemático si no fuera por ese pequeño, diminuto y terrible detalle: Ninguna de estas tres cosas (amor, confianza, atracción) depende de nuestra voluntad.
Con respecto a los vínculos internos y externos; hay tres grupos: Las relaciones cotidianas Las relaciones íntimas Las relaciones francas
Las del primer grupo, que son la mayor parte de las relaciones, yo soy el que decido si soy sincero, si miento o si oculto. Es mi decisión, y no las reglas obligadas del vínculo, la que decide mi acción. En las relaciones íntimas, en cambio, no hay lugar para la mentira. Puedo decir la verdad o puedo ocultarla, pero por definición estas relaciones no admiten la falsedad. El último, el de la franqueza, reservo este espacio para aquellos vínculos excepcionales, uno o dos en la vida, que uno establece con su amigo o su amiga del alma. Un vínculo donde ni siquiera hay lugar para ocultar. La confianza en una relación íntima implica tal grado de sinceridad con el otro, que yo no contemplo la posibilidad de mentirle. No creo que todos los encuentros deban terminar siendo relaciones íntimas, pero sí sostengo que sólo éstas le dan sentido al camino que recorramos. Estractos y cuentos de Jorge Bucay 2Amor a los hijosEl mecanismo de identificación proyectiva, por el cual me identifico con algo que proyecté, es muchas veces el comienzo de lo que comúnmente llamamos “querer a alguien”. La sensación de pertenencia y de incondicionalidad es de los padres para con los hijos, pero de ninguna manera de los hijos para con los padres. ¿Serán capaces los hijos de sentir esto alguna vez? Sí… por sus hijos. Pero no por mí. No es ningún mérito querer a los hijos, pero para que ellos puedan querernos, van a tener que tomarse todo el tiempo… Van a tener que empezar por un pedazo de nosotros en el cual se puedan proyectar… identificarse luego con él… y transformar esa identificación en amor. Y entonces nos querrán (o no) dependiendo de lo que les haya pasado en ese vínculo. La vivencia de la prolongación no es exclusiva de la mamá, es de ambos. Hay mujeres que, además del privilegio del embarazo, creen tener el oscuro derecho de negar que a los hombres también nos sucede esto con nuestros hijos. Si bien es verdad que hay mas hijos abandonados por sus padres que por sus madres, habría que ver si esto demuestra que os padres son incapaces de querer a los hijos como una prolongación propia, o si es el efecto de una derivación social, donde el lugar que se le da al padre motiva esta actitud. Si dejáramos a los padres sentir las cosas que las madres dicen sentir en exclusividad, quizás no existirían tantos papás abandonando a sus hijos. Si la madre cree tener unívocamente derecho y posesión sobre los hijos y la sociedad se la avala, ¿qué lugar le queda al padre? Es responsabilidad del papá la manutención económica y de la mamá ka contención y la presencia afectiva. Así, la estructura social dice que a la madre no se le puede separa del chico, con toda razón, y que sí se puede separar al padre del chico, con no sé cuánta razón. Y sin embargo eso dicen los expertos. ¿Podemos creerles?
Cuando yo tenía ocho años, encontré el Río Perdido. Nadie sabía dónde estaba, nadie en mi condado podía decirme cómo llegar, pero todos hablaban de él. Cuando llegué por primera vez al Río Perdido, me di cuanta rápidamente que estaba allí. Uno se da cuanta cuando llega. ¡Era el lugar más hermoso que jamás vi, había árboles que caían sobre el río y algunos peces enormes navegando en las aguas transparentes! Así que me saqué la ropa y me tiré al río y nadé entre los peces y sentí el brillo del sol en el agua, y sentí que estaba en el paraíso. Después de pasar toda la tarde ahí, me fui marcando el camino hasta llegar a mi casa y allí le dije a mi padre: -Papá, encontré el Río Perdido. Mi papá me miro y rápidamente se dio cuanta de que no le mentía. Entonces me acarició la cabeza y me dijo: -Yo tenía más o menos tu edad cuando lo vi por primera vez. Nunca pude volver. Y yo le dije: -No, no… Pero yo marqué el camino, dejé huellas y corté ramas, así que podremos volver juntos. Al día siguiente, cuando quise volver, no pude encontrar las marcas que había hecho, y el río se volvió perdido también para mí. Entonces me quedó el recuerdo y la sensación de que tenía que buscarlo una vez más. Dos años después, una tarde de otoño, fuimos a la dirección de guardaparques del condado porque mi papá necesitaba trabajo. Bajamos a un sótano, y mientras papá esperaba en una fila para ser entrevistado, vi que en una pared había un mapa enorme que reproducía cada lugar del condado: cada montaña, cada río, cada accidente geográfico estaba ahí. Así que me acerqué con mis hermanos, que eran menores, para tratar de encontrar el Río Perdido y mostrárselo a ellos. Buscamos y buscamos pero sin éxito. Entonces se acercó un guardaparque grandote, con bigotes, que me dijo: -¿Qué estas buscando hijo? -Buscamos el Río Perdido- dije yo, esperando su ayuda. Pero el hombre respondió: -No existe ese lugar. -¿Cómo que no existe? Yo nadé ahí. Entonces él me dijo: -Nadaste en el Río Rojo. Y yo le dije: -Nadé en los dos, y sé la diferencia. Pero él insistió: -Ese lugar no existe. En eso regresó mi papá, le tiré del pantalón y le dije: -Decile, papá, decile que existe el Río Perdido. Y entonces el señor de uniforme dijo: Mirá niño, este país depende de que los mapas sean fieles a la realidad. Cualquier cosa que existiera y no estuviera aquí en el mapa del servicio oficial de guardaparques de los Estados Unidos sería una amenaza contra la seguridad del país. Así que si en este mapa dice que el Río Perdido no existe, el Río Perdido no existe. Yo seguí tirando de la manga de mi papá y le dije: -Papá, decile… Mi papá necesitaba el trabajo, así que bajó la cabeza y dijo: -No-hijo, él es el experto, si él dice que no existe… Y ese día aprendí algo: Cuidado con los expertos. Si nadaste en un lugar, si mojaste tu cuerpo en un río, si te bañaste de sol en una orilla, no dejes que los expertos te convenzan de que no existe. Confiá más en tus sensaciones que en los expertos, porque los expertos son gente que pocas veces se mojan.
¿Cuántos hijos habrán tenido esos expertos que excluyen del vínculo emocional a los padres? ¿En qué río no habrán nadado? La verdad, ¿qué importa lo que digan los psicólogos? Qué importa lo que diga yo, lo que diga los libros, ¡qué importa lo que diga nadie! Lo que importa en el amor es lo que cada uno siente. Porque cada uno sabe perfectamente cuánto quiere a sus hijos, porque en todo caso este es tu Río Perdido, el que no esta en ningún mapa.
Los chicos crecen
Cuando una pareja decide tener hijos, aunque no piense en lo que va a pasar, está asumiendo una responsabilidad fantástica, pero también dramática a futuro. Y si... es dramático darme cuenta que esa persona a quien amo tanto como a mí mismo, o más, me va a abandonar, me va a criticar, me va a despreciar, va a decidir en algún momento vivir su vida sin mí. Y eso es lo que nuestros hijos van a hacer, lo que deben hacer, lo que debemos enseñarles que hagan. Con un poco de suerte los veremos abandonar el nido aunque carguen con las carencias de nuestras miserias y aunque a veces tengan que padecer los condicionamientos de nuestros aciertos. Salimos al mundo a buscar lo que nos faltó ofreciendo a cambio lo que recibimos. Yo podría decir que recibí mucho amor, cuidado, protección, estímulo, normas y conciencia de la importancia del trabajo; y diría que me faltó presencia, reconocimiento, caricias y juegos. Una vez, a un grupo de personas se les pidió que en un papel escriban: ¿Qué recibí? Y ¿Qué me faltó? Una mujer, con la primer pregunta respondió: “Nada”. Y agregó: “Por lo tanto me faltó: Todo”. Imagínense, esta mujer andaba por el mundo exigiendo “todo”, a cambio de lo cual no daba “nada”. Y por supuesto que no encontraba lo que necesitaba. Y por supuesto que lloraba todo el tiempo sus creencias y su soledad. Y por supuesto se quejaba de la injusticia de que nadie le quisiera dar lo que ella necesitaba. Porque estaba puesta en ese lugar: buscaba a alguien que le diera “todo” a cambio de “nada”. La vida es una transacción: dar y recibir son dos caras de la misma moneda. Si la moneda tiene una sola cara, es falsa, cualquiera sea la cara que falte. Es de todas formas dramático que alguien no quiera recibir “nada” a cambio de darlo “todo”.
Había una vez, en las afueras de un pueblo, un árbol enorme y hermoso que generosamente vivía regalando a todos los que se acercaba el frescor de su sombra, el aroma de sus flores y el increíble canto de los pájaros que anidaban entre sus ramas. El árbol era querido por todos en el pueblo, pero especialmente por los niños, que se trepaban por el tronco y se balanceaban entre las ramas con su complicidad complaciente. Si bien el árbol tenía predilección por la compañía de los más pequeños, había un niño entre ellos que era su preferido. Este aparecía siempre al atardecer, cuando los otros se iban. -Hola amiguito- decía el árbol, y con gran esfuerzo bajaba sus ranas al suelo para ayudar al niño en la trepada, permitiéndole además cortar algunos de sus brotes verdes para hacerse una corona de hojas aunque el desgarro le doliera un poco. El chico se balanceaba con ganas y le contaba al árbol las cosas que le pasaban en su casa. Con el correr del tiempo, cuando el niño se volvió un adolescente, de un día para el otro, dejó de visitar al árbol. Años después, una tarde, el árbol lo ve caminando a lo lejos y lo llama con entusiasmo: -Amigo... amigo... vení, acercate... Cuánto hace que no venís...Trépate y charlemos. -No tengo tiempo para esas estupideces- dice el muchacho. -Pero... disfrutábamos tanto juntos cuando eras chico... -Antes no sabía que se necesitaba plata para vivir, ahora busco plata, ¿Tenés plata para darme? El árbol se entristeció un poco, pero se repuso enseguida. -No tengo plata, pero tengo mas ramas llenas de frutos. Podés subirte y llevarte algunos, venderlos y obtener la plata que querés... -Buena idea- dijo el muchacho, y subió por la rama que el árbol le tendió para que se trepara como cuando era chico. Luego arrancó todos los frutos del árbol, incluidos los que aún no estaban maduros. Llenó con ellas unas bolsas de arpillera y se fue al mercado. El árbol se sorprendió de que su amigo no le dijera ni gracias, pero dedujo que tendría urgencia por llegar antes que cerraran los compradores. Pasaron casi diez años hasta que el árbol vio otra vez a su amigo. Era un adulto ahora. -Que grande estás- le dijo emocionado; -vení, subite como cuando eras chico, contame de vos. -No entendés nada, como para trepar estoy... lo que necesito es una casa. ¿Podés acaso darme una? El árbol pensó unos minutos. -No, pero mis ramas son fuertes y elásticas. Podrías hacer una casa muy resistente con ellas. El joven salió corriendo con la cara iluminada. Una hora más tarde llegó con una sierra y empezó a cortar ramas, tanto secas como verdes. El árbol sintió el dolor, pero no se quejó. No quería que su amigo se sintiera culpable. Una por una, todas las ramas cayeron dejando el tronco pelado. El árbol guardó silencio hasta que terminó la poda y después vio al joven alejarse esperando inútilmente una mirada o gesto de gratitud que nunca sucedió. Con el tronco desnudo, el árbol se fue secando. Era demasiado viejo para hacer crecer nuevamente ramas y hojas que lo alimentaran. Quizás por eso, cuando diez años después lo vio venir, solamente dijo: -Hola. ¿Qué necesitas esta vez? -Quiero viajar. Pero ¿qué podés hacer vos? No tenés ramas ni frutos para vender. -Qué importa, hijo- dijo el árbol, -podés cortar mi tronco, total yo no lo uso. Con él podrías hacer una canoa para recorrer el mundo. -Buena idea- dijo el hombre. Horas después volvió con un hacha y taló el árbol. Hizo su canoa y se fue. Del árbol quedó solo el pequeño tocón a ras del suelo. Dicen que el árbol aún espera el regreso de su amigo para que le cuente de su viaje. Nuca se dio cuanta de que ya no volverá. El niño ha crecido y esos hombres no vuelven donde no hay nada para tomar. El árbol espera, vacío, aunque sabe que no tiene nada más para dar.
Repito. Nuestros condicionamientos han hecho de nosotros esto que somos, pero seguimos pudiendo elegir. Cuando yo asuma que no es posible encontrar a alguien que pueda darme presencia, reconocimiento, caricias y juego soportando mis normas. Mis exigencias y mi exceso de trabajo... quizás empiece a corregir lo que doy. Quizás aprenda a dar otras cosas. Quizás aprenda algo nuevo. Puede suceder que te encuentres sintiendo que aquello que te faltó, en realidad es lo que más das. A veces pasa... Es que en el camino aprendo a dar lo que necesito. Es una exploración muy interesante, una jugada maestra para tratar de obtener lo que quiero. Por ejemplo, voy por el mundo mostrando que a todos, no porque quiera aceptarlos, sino porque en realidad es los que busco, alguien que me acepte incondicionalmente. Un pequeño intento para ver si m vuelvo lo mismo que yo estoy necesitando.
Mis hijos son hermanos
La mayoría de las veces, los padres somos casi únicos responsables de la mala relación entre hermanos, porque ésta tiene absolutamente que ver con cómo los hemos educado.Desde el punto de vista fraternal, nunca dejan de sorprender las peleas entre hermanos por la herencia, por el dinero, por el afecto de los padres, por las historias de las frases que empiezan con… “Mirá tu hermano”… o terminan con “por qué no haces como tu hermano”…Aquel que tiene un hermano con el que no se relaciona, de alguna manera tiene un agujero en su estructura: ha perdido un pedazo de su vida. No exageramos si decimos que en los conflictos entre hermanos el 75% del problema ha sido enseñado por los educadores. La historia de los hermanos es fatal cuando algunos de los hijos queda excluido del amor de los padres, o por lo menos, de su cuidado y de su atención. Es verdad que a los hijos se los quiere por igual. Después de un tiempo empiezan las afinidades y los padres se relacionan con cada uno de los hijos de diferente manera en diferentes momentos y en distintos grados de sintonía. Aquella exclusión es dañina, pero es peor cuando estas historias se destapan después de la muerte de los padres, cuando ya no se puede hacer nada para arreglarlo.El cuanto del labrador y su testamento, habla un poco sobre el amor y la competencia entre hermanos.
Cuando el viejo Nicasio se asustó tanto con su primer dolor en el pecho que mandó a llamar al notario par dictarle un testamento. El viejo siempre había conservado el mal gusto que le dejó la horrible situación sucedida entre sus hermanos a la muerte de sus padres. Se había prometido que nunca permitiría que esto pasara entre Fermín y Santiago, sus dos hijos. Dejó por escrito que a su muerte un agrimensor viniera hasta el campo y lo mediara al milímetro. Una vez hecho el registro debía disidir el campo en dos parcelas exactamente iguales y entregar la mitad del lado este a Fermín, que ya vivía en una pequeña casita en esa mitad con su esposa y sus dos hijos; y la otra mitad a Santiago, que a pesar de ser soltero pasaba algunas noches en la casa vieja que estaba en la mitad oeste del campo. La familia había vivido toda su existencia del labrado de ese terreno, así que no dudaba que esto debía dejarles lo suficiente como para tener siempre qué comer. Pocas semanas después de firmar este documento y contarles a sus hijos su dedición, una noche Nicasio se murió. Como estaba establecido, el agrimensor hizo el trabajo de medición y dividió el terreno en dos partes iguales clavando dos estacas a cada lado del terreno y tendiendo una cuerda entre ellas. Siete días habían pasado cuando Fermín, el mayor de los hijos del finado, entró a la iglesia y pidió hablar con el sacerdote, un viejo sabio y bondadoso que lo conocía desde que lo había bautizado. -Padre- dijo el mayor de os hermanos, -vengo lleno de congoja y arrepentimiento, creo que por corregir un error estoy cometiendo otro. -¿De qué se trata?- preguntó el párroco. -Le diré, padre. Antes de morir el viejo, él estableció que el terreno se dividiría en partes iguales. Y la verdad, padre, es que me pareció injusto. Yo tengo esposa y dos hijos y mi hermano vive solo en la casa de la colina. No quise discutir con nadie cuando me enteré, pero la noche de su muerte me levanté y corrí las estacas hasta donde debían estar… Y aquí viene la situación, padre. A la mañana siguiente, la soga y las estacas habían vuelto a su lugar. Pesé que había imaginado el episodio, así que a la noche siguiente repetí el intento y a la mañana otra vez la cuerda estaba en su lugar. Hice lo mismo cada noche desde entonces y siempre con el mismo resultado. Y ahora, padre, pienso que quizás mi padre esté enojado conmigo por vulnerar su decisión y su alma no pueda ir a cielo por mi culpa. ¿Puede ser que el espíritu de mi padre no se eleve por esto, padre? El viejo cura lo miró por encima de sus anteojos y le dijo: -¿Sabe ya tu hermano de esto? -No, padre- Contestó el muchacho. -Andá, decile que venga que quiero hablar con él. -Pero padrecito... mi viejo... -Después vamos a hablar de eso, ahora traéme a tu hermano. Santiago entró en el pequeño despacho y se sentó frente al cura, que no perdió tiempo: -Decime... ¿Vos no estuviste de acuerdo con la decisión de tu padre sobre la división del terreno en partes iguales, verdad? -el muchacho no entendía muy bien cómo el sacerdote sabía de sus sentimientos-. Y a pesar de no estar de acuerdo no dijiste nada ¿no es cierto? -Para no enojar a papá- argumentó el joven. -Y para no enojarlo te viniste levantando todas las noches para hacer justicia con tu propia mano, corriendo las estacas, ¿no es así? El muchacho asintió con la cabeza entre sorprendido y avergonzado. -Tu hermano está ahí afuera, decile que pase- ordenó el cura. Unos minutos después los dos hermanos estaban sentados frente al sacerdote mirando silenciosamente el piso. -¡Qué vergüenza!... su padre debe estar llorando desconsolado por ustedes. Yo os bauticé, yo les di la primera comunión, yo te casé a vos, Fermín, y bauticé a tus hijos, mientras que vos, Santiago, les sostenías las cabecitas en el altar. Ustedes en su necedad han creído que su padre regresaba de la muerte a imponer su decisión, pero no es así. Su padre se ha ganado el cielo sin lugar a dudas y allí estará para siempre. No es esa la razón del misterio. Ustedes dos son hermanos, son iguales. Así fue como cada uno por su lado, guiado por el mezquino impulso de sus intereses, se ha levantado cada noche desde la muerte de su padre a correr las estacas. Claro, a la mañana las estacas aparecían en el mismo lugar. Claro ¡si el otro las había cambiado en sentido contrario! Los dos hermanos levantaron la cabeza y se encontraron en las miradas. -¿De verdad Fermín que vos...? -Si, Santiago, pero nunca pensé que vos... yo creí que era el viejo enojado... el más joven rió y contagió a su hermano. -Te quiero mucho, hermanito- dijo Fermín emocionado. -Y yo te quiero a vos- contestó Santiago poniéndose de pie para abrazar a Fermín. El cura estaba rojo de furia. -¿Qué significa esto? Ustedes no entienden nada. Pecadores, blasfemos. Cada uno de ustedes alimenta su propia ambición y encima se felicitan por la coincidencia. Esto es muy grave... -Tranquilo padrecito... el que no entiende nada, con todo respeto, es usted- dijo Fermín.- todas las noches pensaba que no era justo que yo, que vivo con mi esposa y mis hijos, recibiera igual terreno que mi hermano. Algún día, me dije, cuando seamos mayores, ellos se van a hacer cargo de la familia; en cambio Santiago está solo, y pensé que era justo que él tuviera un poco más, porque lo iba a necesitar más que yo. Y me levanté cada noche a correr las estacas hacia mi lado para agrandar el terreno de él... -Y yo... – dijo Santiago con una gran sonrisa-. ¿Para qué necesitaba yo tanto terreno? Pensé que no era justo que viviendo solo recibiera la misma parcela que Fermín, que tiene que alimentar cuatro bocas. Y entonces, como no había querido discutir con papá en vida, me levanté cada una de estas noches para correr las estacas y agrandar el campo de mi hermano. Estractos y cuentos de Jorge Bucay 3El amor a uno mismo
Autoestima y egoísmo son tomados generalmente como términos antagónicos, aunque ambos comparten un significado muy emparentado: la idea de quererse, valorarse, reconocerse y ocuparse de sí mismo.
Cuenta una vieja historia que había una vez un señor muy poco inteligente al que siempre se le perdía todo. Un día alguien le dijo: -Para que no se te pierdan las cosas, lo que tenés que hacer es anotar dónde las dejás. Esa noche, al momento de acostarse, agarró un papelito y pensó: “Para que no se me pierdan las cosas...” Se sacó la camisa, la puso en el perchero, agarró un lápiz y anotó: “la camisa en el perchero”; se saco el pantalón, lo puso a los pies de la cama y anotó: “el pantalón a los pies de la cama”; se sacó los zapatos y anotó: “los zapatos debajo de la cama”; y se sacó las medias y anotó: “las medias dentro de los zapatos debajo de la cama”. A la mañana siguiente, cuando se levantó, buscó las medias donde había anotado que las dejó, y se las puso, los zapatos donde estaban anotados, los encontró y se los puso; lo mismo sucedió con la camisa y el pantalón. Y entonces se preguntó: -¿Y yo dónde estoy? Se buscó en la lista una y otra vez y, como no se vio anotado, nunca más se encontró así mismo.
A veces nos parecemos mucho a este señor estúpido. Sabemos dónde está cada cosa y cada persona que queremos, pero muchas veces no sabemos dónde estamos nosotros. Nos hemos olvidado de nuestro lugar en el mundo. Podemos rápidamente ubicar el lugar de los demás, el lugar que los demás tienen en nuestra vida, y hasta a veces podemos definir el lugar que nosotros tenemos en la vida de otros, pero nos olvidamos de cuál es el lugar que nosotros tenemos en nuestra propia vida. Nos gusta enunciar que no podríamos vivir sin algunos seres queridos. Yo propongo hacer nuestra la irónica frase con la que sintetizo mi real vínculo conmigo:
No puedo vivir sin mí.
Sería bueno que yo me cuidara, que me escuchara a mí mismo, que me ocupara de darme algunos gustos, hacerme feliz, regalarme cosas que me gustan, comprarme la ropa que quiero, de escucharme y comprenderme. Tratarme como trato a los que más quiero. Si hay alguien que debería estar conmigo todo el tiempo, ese alguien soy yo. Y para eso debo empezar a aceptarme tal como soy. No quiere decir que me niegue a cambiar a través del tiempo. Quiere decir replantear la postura. Porque frente a alguna característica de mí que no me guste hay siempre dos caminos para resolver el problema. El primero, el más común, es la solución clásica: Intentar cambiar. El segundo camino, el que propongo, es dejar de detestar esa característica y como única actitud, permitir que, por sí misma, esa condición se modifique. Incluso para cambiar algo el camino realmente comienza cuando dejo de oponerme. Nunca voy a adelgazar si no acepto que estoy gordo. La teoría paradojal del cambio dice que solamente se puede cambiar algo cuidando uno deja de pelearse con eso. Y si mi relación conmigo me condiciona tanto por dejar de vivir forzándome a ser diferente, imaginemos cómo condiciona mi relación con los demás creer que ellos tienen que cambiar. Enojarse con el otro por cómo es significa que, para que yo pueda quererlo, tiene que ser como yo quiero que sea. Si tu amiga es impuntual y la esperas una hora cada vez que te citás con ella, no te enojes. ¿Quién te obliga a esperarla? Cuando yo espero a alguien que es usualmente impuntual, la razón de mi espera es porque elijo esperarlo y no porque él llegó tarde. ¿Debo hacer responsable al otro de mis propias decisiones? Tu concepto de la puntualidad es tuyo y yo no lo comparto. No tenés que ser como yo, pero no me pidas que sea como vos.
Había una vez un rey al que le gustaba saberse poderoso, y deseaba que a su alrededor todos lo admiraran por su poderío. Llamó un día a un sabio de la corte para preguntarle si había alguien más poderoso que él en el planeta, y el sabio le dijo que se había enterado de que vivía en el poblado un mago cuyo poder nadie más que él poseía; sabía el futuro. El rey hirvió de celos y empezó a preguntar sobre este mago. Un día, cansado de que le contaran lo poderoso y querido que era el mago, el rey urdió un plan: invitaría al mago a una cena y, delante de los cortesanos, le preguntaría en que fecha moriría el mago que había llegado el reino. En el momento que respondiera, lo mataría con su propia espada para demostrar que el mago se había equivocado en su predicción. Se acabarían en, una sola noche, el mago y el mito de sus poderes… El día del festejo llegó y, después de la gran cena, el rey hizo la pregunta: -¿Es cierto que puedes leer el futuro? -Un poco- dijo el mago. -¿Cuándo morirá el mago del reino? El mago sonrió, lo miró a los ojos y contestó: -Un día antes que el rey. Al oír aquella respuesta, el rey no solo no se atrevió a matarlo sino que, temeroso de que le pasara algo, lo invitó a quedarse a vivir en el palacio con la excusa de que necesitaba un concejero sobre unas decisiones reales. Por la mañana el rey mandó a llamar a su invitado. Para justificar su permanencia le hizo una pregunta; y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa. El rey alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara un día más. Todos los días el rey se tomaba el tiempo de charlar con el mago para confirmar que estaba vivo y para hacer alguna pregunta. Sentía que los concejos de su nuevo asesor eran tan acertados que terminó, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en todas sus decisiones. Pasaron los mese y los años. Y como siempre, estar cerca del que sabe vuelve al que no sabe más sabio… así, el rey fue volviendo poco a poco más justo y dejó de necesitar sentirse poderoso. Reinó de un modo bondadoso y el pueblo empezó a quererlo. Ya no consultaba al mago con la idea de investigar su salud, realmente iba para aprender. Y con el tiempo, el rey y el mago llegaron a ser excelentes amigos. Hasta que un día, a cuatro años de aquella cena, el rey recordó que el mago, a quien consideraba ahora su mejor amigo, había sido su más odiado enemigo. Y recordó su plan urdido para matarlo. Como no podía ocultar ese secreto sin sentirse un hipócrita, tomó coraje, golpeó la puerta del mago y, apenas entró, le dijo: -Tengo algo para contarte, mi querido amigo, algo que me oprime el pecho. -Dime- dijo el mago –y alivia tu corazón. -Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería saber tu futuro, planeaba matarte ante cualquier respuesta que me dieras, quería que tu muerte desmitificara tu fama. Te odiaba porque todos te amaban… Estoy tan avergonzado… El mago le dijo: -Has tardado mucho en decírmelo, pero me alegra porque me permite decirte que ya lo sabía. Era tan clara tu intención, que no hacía falta ser adivino para saber lo que ibas a hacer… Pero como justa devolución a tu sinceridad, debo confesarte que yo también te mentí. Invente esa absurda historia de mi muerte antes que la tuya para darte una lección que recién hoy estas en condiciones de aprender: Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros, y hasta de nosotros mismos, que creemos despreciables, amenazantes e inútiles… y sin embargo, si nos damos tiempo, terminamos viendo lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos. Nuestras vidas están ligadas por la amistad y la vida, no por la muerte. El rey y el mago se abrazaron y festejaron por la confianza de esa relación que habían construido juntos. Cuanta la leyenda que, esa misma noche, misteriosamente, el mago murió mientras dormía, y que al enterarse, el rey cavó con sus propias manos un pozo en el jardín, justo debajo de su ventana, y que allí se quedó llorando al lado del montículo de tierra hasta que, agotado por el llanto y el dolor, volvió a su habitación. Cuanta la leyenda que esa misma noche, veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey… murió en su lecho mientras dormía. Quizás por casualidad… Quizás por dolor… Quizás para confirmar la última enseñanza del maestro.
Este cuanto es la expresión de dos cosas: el amor y el egoísmo. Se supone que el egoísmo es patológico cuando va en desmedro del otro, cuando me impide compartir. Pero, ¿por qué el otro se vería dañado y afectado por el hecho de que yo me quiera mucho? Sabemos que el amor no se agota, que mi capacidad de amar es ilimitada, y por lo tanto, es ridículo pensar que por quererme mucho a mí mismo no me va a quedar espacio para querer a los demás. Con el egoísmo pasa exactamente lo mismo que l que le pasaba al rey con el mago. El egoísmo es para mí un mago poderoso, capaz de revelarnos algunas verdades sobre nosotros mismos. Pero vivimos rechazándolo, lo queremos matar, sin darnos cuanta de que no podríamos vivir sin él. Todo lo que cada uno se quiere así mismo es poco. Con seguridad, a todos todavía no falta querernos más. Cuentos y estractos de Jorge Bucay 4
Encuentros Horizontales
La actividad sexual de todos empezó con el contacto erótico y sensual con el propio cuerpo. La masturbación no tiene nada de malo, es maravillosa, una gran fuente de placer independiente, pero tiene un solo problema: no es suficiente. Si uno quiere más… entonces tiene que buscar más allá, y lo primero que saldrá a buscar es otra mano parecida a la propia. Este es el descubrimiento de la homosexualidad, por la cual transitamos todos por un tiempo, la actuemos o no. La homosexualidad no tiene nada de malo, es maravillosa, puede dar mucho placer, pero tiene un solo problema: no es suficiente. Si uno quiere más… entonces, tiene que complicarse, tiene que buscar lo diferente. Y la complicación es enredarse con el otro sexo. Este es el descubrimiento de la heterosexualidad. Por supuesto, la heterosexualidad no tiene nada de malo, es maravillosa, y uno puede obtener gran placer de ella, pero tiene un solo problema: no es suficiente. Si uno quiere más… entonces tiene que llegar a la abstinencia y a la meditación. Pero antes de llegar ahí hay que haber tenido todo el sexo que uno desee. Porque a la abstinencia nunca se llega antes de sentir que todo el placer encontrado ha sido insuficiente… Bagwan Shree Rajneesh (Osho)
La sexualidad es para el ser humano, más que para ningún otro ser vivo, una fuente de placer. En la especie humana, el encuentro sexual se produce, las más de las veces, sin estar ligados a la intención de procrear. Pero como en nuestra cultura no hay placer sin culpa, entonces al hablar de sexualidad aparece la historia del placer culposo. Cuando éramos chicos, la masturbación era una historia dramática, terrible y peligrosa que las madres y los padres censuraban y criticaban. Algunos de los mitos que excedían el castigo de Dios eran, para los varones, la amenaza del crecimiento de pelos en la palma de la mano… o de volverse tarado… o de terminar loco. Para las mujeres, la censura amenazaba con el peligro de lastimarse y no poder tener hijos cuando fueran grandes. Los padres de hoy aprendimos que la masturbación es parte de la evolución normal de nuestros hijos, y al comprenderlo hemos dejado de hacer de la exploración que efectúan en sus propios cuerpos un motivo de persecución o de miradas censuradoras. Afortunadamente, la sexualidad ya no es una cosa vedada de la que los chicos ya no pueden hablar.
Una señora va a una aerolínea a comprar dos pasajes en primera clase a Madrid. En la conversación, al pedir los nombres de los pasajeros el empleado descubre que el acompañante de la señora es un mono. La compañía se opone y el argumento de que si ella paga el pasaje puede viajar con quien quiera es radicalmente rechazado. Si bien en un principio la compañía adopta esta actitud, una oportuna carta de recomendación de un político de turno logra que le den un permiso para llevar al mono, no en un asiento sino en una jaula, como marcaba la norma, tapado con una lona, pero en la zona del equipaje de las azafatas en el fondo de la cabina del avión. La mujer acepta la negociación de mal agrado y el día del vuelo sube al avión con un a jaula cubierta con una lona verde que lleva bordado el nombre del mono: FEDERICO. Ella misma lo traslada al estante de puerta de tijera del fondo y se despide de él. “Pronto estaremos en tierra, Federico, como se lo prometí a Joaquín”. Da un vistazo para controlar el lugar y vuelve a primera clase a acomodarse en su asiento. A mitad de viaje, una azafata muy atenta tiene la ocurrencia de convidar al mono con una banana y, para su sorpresa, se encuentra con que el animal está tirado inmóvil en el piso de la jaula. La azafata ahoga un grito de horror y llama al comisario de abordo, no tan preocupada por el mono como por su trabajo. Todos sabían que la señora dueña del mono venía muy recomendada. En el avión se arma un tremendo desparramo. Todos corren de aquí para allá. El comandante se acerca a Federico y le hace respiración boca a boca y masaje cardíaco. Durante más de una hora intentan reanimarlo, pero o ocurre nada. El animal está definitivamente muerto. La tripulación decide enviar un cable a la base para explicar la situación. La respuesta que reciben tarda media hora en llegar. Hay que evitar que la pasajera se entere de lo sucedido. “Si la señora hace un escándalo posiblemente los dejen a todos en la calle. Tenemos una idea. Sáquenle una foto al mono y mándenla por fax al aeropuerto de Barajas en Madrid. Nosotros daremos instrucciones para reemplazar el simio apenas aterrice el avión”. El personal a cargo efectúa la orden el pie de la letra. Envían la foto y en el aeropuerto ya se están llevando a cabo los preparativos para la operación de sustitución. Mientras esperan que el avión aterrice, comparan la foto del mono de la pasajera con el mono conseguido. Al mono muerto le falta un diente; entonces le arrancan uno con una tenaza al falso Federico. Luego ven que aquél tiene una marca rojiza en la frente, así que con matizador maquillan al mono nuevo. Detalle por detalle arreglan las diferencias hasta que finalmente un rápido hachazo equipara el largo de sus colas. Terminan el trabajo justo justo cuando el avión aterriza. Los asistentes suben rápidamente, sacan a Federico de la jaula, lo tiran al cesto de la basura y ponen al mono nuevo en su lugar. Lo tapan con la lona y el comisario es designado para entregarlo. Con una sonrisa, el hombre le entrega la jaula a la señora mientras le dice: -Señora, su mono. La señora levanta la lona y dice: -¡Ay, Federico! Estaos otra vez en tu tierra. Pero cuando lo mira bien, exclama: -¡Este no es Federico! -¿Cómo que no es? Mire, tiene rojizo acá, le falta el dientito... -¡Este no es Federico! -Señora... todos los monos son iguales, ¡cómo sabe que no es Federico? -Porque Federico... estaba muerto. Y entonces todos se enteran de lo que nunca pensaron. La señora llevaba el mono a España para enterrarlo, porque era una promesa que le había hecho a su marido antes de morir.
Lo cierto del cuento es que nadie sabe mejor que yo lo que llevo en mi equipaje, lo que yo llevo lo sé yo. ¿Quién me va a decir a mí cómo tengo que viajar? Con este cuento quiero decir que no se puede hablar de sexo desde otro lugar que no sea el de la propia experiencia, que es el equipaje que cada uno carga.
En primer lugar, hace falta desmitificar algunas creencias que hemos heredado sobre nuestra sexualidad. La primera es que el sexo saludable, pleno, disfrutable, inconmensurable, y no sé cuantos “-ables” más, tiene que venir por fuerza ligado al amor. Es una idea interesante, falsa, pero interesante. Tanto ligamos el sexo al amor que hablamos de “hacer el amor” como si fuera un sinónimo de encuentro sexual. Y la verdad es que no son sinónimos. El sexo es una cosa y el amor es otra. Si bien es cierto que pueden venir juntos, a veces no es así. no necesariamente el amor conlleva sexualidad. Así como amor tiene que ver con el sentimiento puro y no hace falta incluir el deseo sexual, tampoco el sexo necesita incluir al amor para ser verdadero. Uno puede elegir incluirlo. Uno puede decidir que ésta sea su forma de vivir el sexo y el amor, y es una decisión personal. Pero no es una decisión genérica, válida para todos. Podemos decir que hay tres maneras de referirse a la relación sexual, son las tres palabras que más usamos en la Argentina. Para saber de qué hablamos, vamos a diferenciar entre “fifar”, “coger” y “hacer el amor”.
Fifar (para los de mi época, “curtir” para la generación actual)
Fifar, en nuestro slang, es un sinónimo vulgar y simpático de tener un encuentro sexual intrascendente. Es por definición incidental, descomprometido y de alguna forma deportivo. Es el hecho puro, concreto y mecánico de uno que vio pasar a otro y por alguna razón terminó en una cama. Se encontraron pero no establecieron ningún vínculo, ningún diálogo verdadero. Puede ser placentero o displacentero, pero nada más. Fifar es acostase con un culo, con un auto, con una cara atractiva, con mi propia calentura del día. El otro es sólo un accidente, un partenaire, alguien que cumple una función para que podamos tener un intercambio de fluidos.
Coger
En cambio, coger, que usamos coloquialmente en la Argentina, define un algo más. Coger es una palabra mal tratada, se la toma como una “mala palabra” y es el término que usamos cotidianamente para hablar de sexo, lo cual no es casual. En casi todos los idiomas del mundo, la palabra más popular para definir el acto sexual, la que se usa en la calle, siempre tiene un sonido /k/, /j/, /f/, porque estos tres fonemas le dan a la palabra la fuerza que tiene que tener para significar lo que representa (“cushé” en francés, “fuck” en inglés, “follar” en España, “litfok” en hebreo). Coger denota un modelo de vínculo donde no solamente se FIFA por deporte, hay más, hay un vínculo entre las personas, algo les pasa. Este algo puede ser muchas cosas: afecto, simpatía, atracción trascendente, atracción fugaz, experiencias compartidas, etc., pero hay necesariamente un vínculo establecido. Se puede fifar con cualquiera, pero no se puede coger con cualquiera. Para coger, hace falta involucrarse, tener un vínculo.
Hace el amor
Hacer el amor es coger cuando el vínculo que hay entre nosotros es el amor. Si yo no amo, no puedo hacer el amor. Lo puedo Llamar como quiera, pero no es un acto amoroso, y como no es un acto amoroso no es hacer el amor. No tiene nada de malo coger sin hacer el amor. No es mejor hacer el amor que coger. Ni es mejor fifar que coger. Son tres cosas diferentes y ninguna es mejor que la otra. En todo caso, sería bueno saber qué estamos haciendo en cada momento, para establecer lo que nos pasa. Y no creer que necesariamente para tener una actividad sexual hace falta hacer el amor. A fin de cuentas, es una decisión personal. Por ejemplo, yo podría decidir que fifar, a mí, no me interesa más, que no me parece divertido, que no me alcanza. Podría decidir que el hecho de coger no me interesa más y que me interesa solamente hacer el amor. Y podría centrarme en esta elección. De hecho, para mí es mejor coger que fifiar y es mucho mas placentero hacer el amor que coger. Pero no por esto voy a hacer creer a los demás que lo único que sirve, que lo único bueno, verdadero y sano es el sexo que se tiene haciendo el amor. Decirlo de otra manera sería no solo una exageración sino, además, una gran mentira. Que yo agregue cosas al hacer el amor para hacer la relación más completa, más trascendente, más intensa o más energéticamente movilizadora para mí, no quiere decir que coger no sea sexo no que fifar no sirva. Ninguna de las tres formas excluye la posibilidad de disfrutar. Uno puede comer un helado de crema. Uno puede comer un helado de crema y bañarlo en chocolate. Uno puede comer un helado de crema bañado en chocolate y ponerle una frutilla arriba. Suponiendo que a mí me gustan estas tres cosas, cada vez, el helado resultante será más rico. Pero esto no quiere decir que el helado de crema solo no sea un helado, que helado sin frutilla no sea rico, etc. A medida que pasa el tiempo, uno se va poniendo más exigente con su sexualidad. Como si con el correr de los años conformara menos el mero placer y se busca más comprometidamente aquellos encuentros que realmente satisfacen.
Hacer el amor implica una conexión con el amor que no se da todo el tiempo, no siquiera entre dos personas que se aman.
Esto permite por suerte, que las relaciones sexuales con una pareja estable no sean siempre iguales; permite vaivenes, encuentros y desencuentros, distancias y aproximaciones, toda una serie de situaciones que no tienen por qué pensarse como un problema. Por supuesto, si alguien ha llegado a conquistar la idea de hacer el amor, el día que se encuentra con que hace tiempo sólo puede coger con su pareja, siente que algo esta faltando, entonces tendrá que plantearse dónde ha quedado aquello que conquistaron juntos.
La sexualidad es tan importante en la vida que valdría la pena empezar a pensar la como un desafío. El desafío de la sexualidad plena. ¿Qué es la sexualidad plena? La relación sexual plena debería incluir por partes iguales ternunra y erotismo. A mí me gusta decir simbólicamente que habría que llegar a la cama con un ramo de flores y un video pornográfico. Esta sería la suma.
Flores + video
F: fantasías para compartir L: lugares para cambiar O: que te ocupes de vos R: romanticismo presente E: explorar el encuentro S: sentidos para incluir
V: vaciarse del afuera I: irracionalidad suprema D: diversión imprescindible E: expresión del sentir O: olvidarse del orgasmo
Ella y yo hacíamos el amor diariamente. En otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles hacíamos el amor invariablemente… Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente… por último los domingos hacíamos el amor religiosamente… hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente. Lo hacíamos espontáneamente. Hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso. Hacíamos el amor por ósmosis y por simbiosis: y a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hacíamos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente. Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente. Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba en que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente. O bien a ella le daba por recordar las ardillas que el tío Esteban le trajo de Wisconsin que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba las sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosas, esperando la eclosión de las cuatro de la tarde…. Así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos. Muchas veces hacíamos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, o de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimiento y sin sentido. Con sueño y con frío. Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente. Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente. Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Hacíamos el amor físicamente, de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por la simple razón de que yo lo quería así y ella también, Hacíamos el amor… Voluntariamente. Cuentos y estractos de Jorge Bucay 5Diferencias entre estar enamorado y amar a alguien Cómo se puede explicar que alguien “pierda la cabeza” por otra persona, que alguien no pueda pensar en otra cosa que el amado, que alguien llore durante semanas esperando una llamada de aniversario que no llegó… Estas emociones violentas e irracionales que pueden suceder únicamente cuando ese alguien está enamorado. Es que estar enamorado no es amar. Porque amar es un sentimiento y estar enamorado es una pasión. La pasión, por definición, son emociones desenfrenadas, fuertes, absorbentes, intensas y fugaces como el destello de un flash, que son capaces de producir transitoriamente una exaltación en el estado de ánimo y una alteración de la conciencia del mundo del que la siente. Este caos emocional tiene, lamentablemente y afortunadamente una duración muy corta: digo lamentable porque mientras lo vivimos, nos gustaría, a pesar de todo, permanecer en la fascinante intensidad de cada una de las vivencias, y digo afortunadamente porque creo que nuestras células explotarían si este estado se prolongara más allá de unas cuantas semanas. Inmerso en esta pasión perturbadora, nadie puede hacer otra cosa que no sea estar, pensar o recordar a la persona de la cual se esta enamorada. Se trata pues de un estado fugaz de descentramiento (uno cree que el centro de la vida de uno es el otro), una especie de locura transitoria que, como dije, se cura sola y en general sin dejar secuelas. Durante el tiempo que dura el enamoramiento, uno vive en función del otro: si llamo, si no llamo, si esta, si no esta, si me miro, si no me miro, si me quiere, si no me quiere… Estar enamorado es enredarse en un doloroso placer el de la disolución en el otro. Si nos detuviéramos a pensarlo en serio nos daríamos cuenta de lo amenazante para nuestra integridad que sería vivir en ese estado. Un escritor costarricense, describe la felicidad de estar enamorado en un texto que creo maravilloso:
Cuando estaba enamorado, había mariposas por todas partes, la voluptuosidad de la pasión me carcomía la cabeza. Durante todo ese tiempo no escribí, no trabajé, no me encontré con los amigos. Vivía pendiente de los movimientos o de la quietud de mi amada; consumía montañas de cigarrillos y toneladas de vitaminas, me afeitaba dos y hasta tres veces por día; hacía dietas, caminatas. Me perseguía hasta la certeza la paranoia del engaño, pensaba todo el tiempo en besarla, en mimarla, en acariciarla. Durante semanas gaste demasiado dinero, demasiada esperanza, demasiada crema para el sol, demasiada esperma y demasiada perfume. Escuchaba demasiada música clásica, utilizaba demasiado tiempo, consumí toda mi tolerancia y agoté hasta la última de mis lágrimas. Por eso siempre digo recordando esos momentos: Nunca he sufrido tanto como cuando era feliz.
La confusión reinante entre esos términos, más la malintencionada idea de homologarlos, ha sido y es causante de horribles desencuentros en las parejas. “ya nos es como antes…”, “Las parejas con el tiempo se desgastan…” y “No estoy más enamorado… me voy”, son algunas de las frases que comúnmente se dicen, apoyadas en la idea de que los matrimonios deberían continuar enamorados “como el primer día”. Es muy lindo pensarlo posible, y a uno le gustaría creérselo, pero es mentira. El estado ideal de una pareja no es el de aquellos primeros meses en que estaba enamorado, sino el de todo el tiempo en que se aman en el sentido cotidiano, verdadero. Probablemente desde la fantasía, a mí me gustaría estar enamorado de mi esposa después de veinte años, porque estar enamorado es algo realmente encantador. Aunque, con toda seguridad, si yo estuviera enamorado de mi esposa, de verdad enamorado de mí esposa, en este preciso momento no estaría escribiendo esto. Si yo estuviera enamorado, sentiría que esto es perder el tiempo. Si yo estuviera enamorado de mi esposa, en este preciso momento no tendría nada de ganas de estar acá, porque estaría pensando en estar allá, en encontrarme con ella, o en todo caso en escribirle un poema, pero siempre alrededor de ella porque ella sería el centro de mi vida. Cuando en un vínculo que comienza con esa pasión, estar enamorado da paso al amor, todo sale bien. De hecho nada mejor podría pasarnos. Pero cuando no conduce allí, el desenamoramiento sólo deja detrás de sí una sensación de una ciudad devastada, la ruina emocional, el dolor de la pérdida, el agujero de la ausencia. Y uno se pregunta: ¿Por qué se termino? ¿Por qué no era cierto? ¿Por qué era poco? ¿Por qué era mentira?... No. Se terminó simplemente porque era una pasión. Lo cierto es que, me guste o no, el enamoramiento se acaba. Y cuando eso sucede con suerte vuelvo a centrarme en mí y desde allí puedo permitir que florezca el amor verdadero.
El amor es el regocijo por la sola existencia del otro.
La frase evoca un sentido casi supremo del amor, el más profundo y el más intenso. Posible o no, éste será el objetivo más deseable: llegar a amar tanto que me alegre sólo por el hecho de que el otro exista.
El primero... es el único y verdadero amor?
Queremos pensar que se ama una sola vez en la vida y para siempre, aunque sepamos que no es verdad. Preferimos retorcernos de miedo controlando lo que el otro hace cuando no estamos juntos y seguir aferrados a al idea de que no podríamos vivir el uno sin el otro, aunque sabemos que sin el amado la vida igual continúa aunque no continúe igual. Y lo pensamos, en gran medida, porque hemos sido enseñados a creer en esas mentiras. Falsedades para sostener la idea de la presión deseable, pero también para condicionar una forzada fidelidad o una machista exclusividad. Las víctimas sindicadas de esta distorsión son las mujeres. Estamos hablando de mujeres de hace 30 ó 40 años atrás. Estas mujeres han sido condicionadas por esta idea de que tenían que conformarse con un solo amor y con un solo varón para toda la vida. La historia de que se ama una sola vez en la vida y para siempre es mentira. Es mentira que sea necesariamente para siempre y es mentira que no pueda ser más de una vez en la vida.
Un día, por el camino de un country, me cruzo con un señor que después de separarse de su primera mujer se había vuelto a casar. Yo lo conocí cuando todavía estaba casado con la primera. Aquella relación aparentaba ser espectacular. En un momento determinado, cada uno por su lado había dedicado toda su locuacidad a descubrir el amor que sentía. En la mesa, mientras las mujeres traían unas empanadas, alguien le pregunta cómo le va con este segundo matrimonio, y él cuanta lo mucho que ama a su segunda mujer. Cuando ese alguien, que había conocido su relación anterior, le pregunta si pudo dejar de amar a la primera para poder amar a la segunda, él responde: -¡No! ¡Aquello no era amor, el verdadero amor es éste!
¿Por qué negar ese amor? Él no podía aceptar que había amado, que había dejado de amar y que ahora amaba a otra mujer. Tenía que desprestigiar el otro amor para poder darle lugar a éste. Los viudos y las viudas a veces hacen lo mismo, dicen: éste es el verdadero amor, el otro no lo era y ahora me doy cuenta; o peor: aquél era el verdadero amor y entonces no podré volver a amar a nadie verdaderamente. Me gusta remarcar que se puede amar a alguien, que se puede dejar de amar y que se puede después amar a otra persona. En una charla, alguien preguntó: “¿Y no se puede amar a los a la vez?” Tenemos mucho miedo a esa pregunta, porque si aceptáramos y asumiéramos que se puede amar a más de una persona a la vez, ¿qué sería de nuestra seguridad?
Si sostengo: Que se ama una sola vez en la vida es mentira... Que el amor esta indisolublemente ligado al amor es mentira... Que el verdadero amor es eterno es mentira... Si declamo: Que no se puede volver a amar después de haber amado es mentira... Defenderme contándome la historia de los tipos de amores, es mentira... Si, encima de todo, ahora dijera que es posible amar a más de una persona a la vez... ¿Qué nos quedaría? ¿La catástrofe? Es una posibilidad: la absoluta inseguridad sobre el futuro; por mucho que estemos juntos hoy, mañana no se puede saber. Pero hay otra posibilidad: junto con las mentiras, desterrar también la idea de la catástrofe y valorar la relación que realmente uno tiene. Porque... Ahora que yo sé que no se ama una sola vez ni para siempre, me doy cuenta de que mi esposa bien podría haberme dejado de amar o podría dejar de amarme mañana... Ahora que sé que el sexo no necesariamente está ligado al amor, me entero de que ella podría elegir con quién va a tener relaciones sexuales. Ahora que sé que la persona que amo puede amar a más de una persona a la vez, me doy cuenta de que sentirme querido no garantiza que ella ame a otros. Ahora que yo sé que se deja de amar y que ella elige sobre su propia vida... Ahora... Cuando yo llego a mi casa y mi esposa realmente está para encontrarse conmigo y para amarnos, entonces le doy a ese encuentro el valor que tiene. Ahora que sé todo esto, y estoy seguro de que ella lo sabe, la conciencia de nuestra libertad de elección lejos de ser una catástrofe es el pasaporte a una relación de pareja más plena y trascendente. Si a pesar de la conciencia ella y él deciden seguir juntos, entonces es maravilloso. Si negamos la conciencia de los hechos para sostener lo que ya no sucede, aparece la verdadera catástrofe.
-¡Vieja!- dice él- ¿por qué no matamos un pavo para nuestro aniversario? -No me parece una buena idea- dice ella, que ya no lo aguanta - ¿Qué culpa tiene el pavo? ¿Por qué no matamos a tu amigo José que nos presentó?
Un matrimonio vivo es un vínculo donde todavía palpita la pareja y no un museo recordatorio de todo lo que fuimos, ni un panteón donde se guardan los restos de nuestra pareja muerta. La única pareja posible es la que se da entre dos individuos iguales que deciden establecer un acuerdo y lo hacen. La pareja es un pacto que nos une, y aunque todo pacto conlleva una cierta puesta de límites, este pacto no esta en oposición a la libertad de cada uno; por el contrario, la observación del contrato y la posibilidad de revisarlo y repactar constituyen la libertad. Son estos puntos de acuerdo con el otro los que nos vinculan como unidad. Pero atención, esta unidad no es estática, está en continuo movimiento y cambio. Es imprescindible ir modificando lo pactado para mantener el equilibrio inestable que es el vínculo de pareja. El cambio es constante y es gracias a él que seguir juntos tiene sentido.
Cuento y estractos de Jorge Bucay 6Esta historia lleva a la época del rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, tiempos de hechicería y castillos de puentes levadizos, tiempo de intrigas y batallas heroicas, tiempo de dragones mágicos que arrojaban fuego por la boca y paladines de honor y valor ilimitado.
El rey Arturo había enfermado. En tan solo dos semanas su debilidad lo había postrado en su cama y ya casi no comía. Todos los médicos de la corte fueron llamados para curar al monarca pero nadie había podido diagnosticar su mal. Pese a todos los cuidados, el buen rey empeoraba. Una mañana, mientras los sirvientes aireaban la habitación donde el rey yacía dormido, uno de ellos le dijo al otro con tristeza: -Morirá... En el cuarto estaba Sir Galahad, el más heroico y apuesto de lo caballeros de la mesa redonda y el compañero de las grandes ludes de Arturo. Galahad escuchó el comentario del sirviente y se puso de pie como un rayo, tomó al sirviente de las ropas y le gritó: -Jamás vuelvas a repetir esa palabra, ¿entiendes? El rey vivirá, el rey se recuperará... solo necesitamos encontrar al médico que conozca su mal, ¿oíste? El sirviente, temblando, se animó a contestar: -Lo que pasa, Sir, es que Arturo no esta enfermo, está embrujado. Eran épocas donde la magia era tan lógica y natural como la ley de gravedad. -¿Por qué dices eso, maldición? Preguntó Galahad. -Tengo mucho años, mi señor, y he visto decenas de hombres y mujeres en esa situación, solamente uno de ellos ha sobrevivido. -Eso quiere decir que existe una posibilidad... Dime cómo lo hizo ése, el que escapó d4e la muerte. -Se trata reconseguir un brujo más poderoso que el que realizó el conjuro; si eso no se hace, el hechizado muere. -Debe haber en el reino un hechicero poderoso- Dijo Galahad –pero si no está en el reino lo iré a buscar -Que yo sepa hay solamente dos personas tan poderosas como para curar a Arturo, Sir Galahad; uno es Merlín, que aun en el caso de que se enterara tardaría dos semanas en venir y no creo que nuestro rey pueda soportar tanto. -¿Y la otra? El viejo sirviente bajó la cabeza moviéndola de un lado a otro negativamente. -La otra es la bruja de la montaña... Pero aun cuando alguien fuera lo suficientemente valiente para ir a buscarla, lo cual dudo, ella jamás vendría a curar al rey que la expulsó del palacio hace tantos años. La fama de la bruja era realmente siniestra. Se sabía que era capaz de transformar en su esclavo al más bravo guerrero con solo mirarlo a los ojos; se decía que con solo tocarla se le helaba a uno la sangre en las venas; se contaba que hervía ala gente en aceite para comerse su corazón. Pero Arturo era el mejor amigo que Galahad tenía en su vida, había batallado a su lado cientos de veces, había escuchado sus penas más banales y las más profundas. No había riesgo que él no corriera por salvar a su soberano, a su amigo y a la mejor persona que había conocido. Galahad calzó su armadura y montando su caballo Apenas cruzó el río, noto que el cielo comenzaba a oscurecerse. Nubes opacas y densas perecían ancladas al pie de la montaña. Al llegar a la cueva, la noche parecía haber caído en pleno día. Galahad desmontó y caminó hasta el agujero en la piedra. Verdaderamente, el frío sobrenatural que A quince minutos de marcha, el túnel se abría en una enorme caverna impregnada de un olor acre y de una luz amarillenta generada por cientos de velas encendidas. En el centro, revolviendo una olla humeante, estaba la bruja. Era una típica bruja de cuento, tal y como se la había descrito su abuela en aquellas historias de terror que le contaba en su infancia para dormir y que lo despertaban fantaseando la lucha contra el mal que emprendería cuando tuviera edad para ser caballero de la corte. Allí estaba, encorvada, vestida de negro, con las manos alargadas y huesudas terminadas en longuísimas uñas que parecían garras, los ojos pequeños, la nariz ganchuda, el mentón prominente y la actitud que encarnaba el espanto. Apenas Galahad entró, sin siquiera mirarlo la bruja le gritó: -¡Vete antes de que te convierta en un sapo en algo peor! -Es que he venido a buscarte- dijo Galahad, -necesito ayuda para mi amigo que esta muy enfermo. -Je… je… je…- rió la bruja-. El rey esta embrujado y a pesar de que no he sido yo quien ha hecho el conjuro, nada hay que pueda hacer para evitar su muerte. -Pero tú… tú eres más poderosa que quien hizo el conjuro. Tú podrías salvarlo- argumentó Galahad. -¿Por qué haría yo tal cosa?- pregunto la bruja recordando con resentimiento el desprecio del rey. -Por lo que pidas- dijo Galahad, -me ocuparé personalmente de que se te pague el precio que exijas. La bruja miró al caballero. Era ciertamente extraño tener a semejante personaje en su cueva pidiéndole ayuda. Aún a la luz de las velas Galahad era increíblemente apuesto, lo cual sumado a su porte lo convertía en una imagen de la gallardía y la belleza. La bruja lo miró de reojo y anunció: -El precio es este: si curo al rey y solamente si lo curo… -Lo que pidas…- dijo Galahad. -¡Quiero que te cases conmigo! Galahad se estremeció. No concebía pasar el resto de su días conviviendo con la bruja, y sin embargo, era la vida de Arturo. Cuántas veces su amigo había salvado la suya durante una batalla. Le debía no una, sino cien vidas… Además, el reino necesitaba de Arturo. -Sea- dijo el caballero, -si curas a Arturo te desposaré, te doy mi palabra. Pero por favor, apúrate, temo llegar al castillo y que sea tarde para salvarlo. En silencio, la bruja tomó una maleta, puso unos cuantos polvos y brebajes en su interior, recogió una bolsa de cuero llena de extraños ingredientes y se dirigió al exterior, seguida por Galahad. Al llegar afuera, Galahad trajo su caballo y con el cuidado con que se trata a una reina ayudó a la bruja a montar en la grupa. Montó a su vez y empezó a cabalgar hacia el castillo real. Una vez en el castillo, gritó al guardia para que bajara el puente, y éste con reticencia lo hizo. Franqueado por la gente de aquella fortaleza que murmuraba sin poder creer lo que veía o se apartaba para no cruzar su mirada con la horrible mujer. Galahad llegó a la puerta de acceso a las habitaciones reales. Con la mano impidió que la bruja se bajara por sus propios medios y se apuró a darle el brazo para ayudarla. Ella se sorprendió y lo miró casi con sarcasmo. -Si es que vas a ser mi esposa- le dijo –es bueno que seas tratada como tal. Apoyada en el brazo de él, la bruja entró en la recámara real. El rey había empeorado desde la partida de Galahad; ya no despertaba ni se alimentaba. Galahad mandó a todos a abandonar la habitación. El médico personal del rey pidió permanecer y Galahad consintió. La bruja se acercó al cuerpo de Arturo, lo olió, dijo algunas palabras extrañas y luego preparó un brebaje de un desagradable color verde que mezcló con un junco. Cuando intentó darle a beber el líquido al enfermo, el médico le tomó la mano con dureza. -No- dijo .Yo soy el médico y no confío en brujerías. Fuera de… Y seguramente habría continuado diciendo “…de este castillo”, pero no llego a hacerlo; Galahad estaba a su lado con la espada cerca del cuello del médico y la mirada furiosa. -No toques a esta mujer- dijo Galahad; -y el que se va eres tú… ¡Ahora!- gritó. El médico huyó asustado. La bruja acercó la botella a los labios del rey y dejo caer el contenido en su boca. -¿Y ahora?- preguntó Galahad. -Ahora hay que esperar- dijo la bruja. Ya en la noche, Galahad se quito la capa y armó con ella un pequeño lecho a los pies de la cama del rey. Él se quedaría en la puerta de acceso cuidando de ambos. A la mañana siguiente, por primera vez en muchos días, el rey despertó. -¡Comida!- gritó. –Quiero comer…Tengo mucha hambre-. -Buenos días, majestad- saludó Galahad con una sonrisa, mientras sonar la campanilla para llamar a la servidumbre. -Mi querido amigo- dijo el rey, -siento tanta hambre como si no hubiera comido en semanas-. -No comiste en semanas- le confirmó Galahad. En eso, a los pies de la cama apareció la imagen de la bruja mirándolo con una mueca que seguramente reemplazaba en ese rostro a la sonrisa. Arturo creyó que era una alucinación. Cerró los ojos y se los refregó hasta comprobar que, en efecto, la bruja estaba allí, en su propio cuarto. -Te he dicho cientos de veces que no quería verte cerca del palacio. ¡Fuera de aquí!- Ordenó el rey. -Perdón, majestad- dijo Galahad –debes saber que si la echas me estas echando también a mí. Es tu privilegio echarnos a ambos, pero si se va ella me voy yo. -¿Te has vuelto loco?- preguntó Arturo. -¿A dónde irás tú con este monstruo infame? -Cuidado, alteza, estás hablando de mi futura esposa. -¿Qué? ¿Tu futura esposa? Yo he querido presentarte a las jóvenes casaderas de las mejores familias del reino, a las princesas más codiciadas de la región, a las mujeres más hermosas del mundo, y las has rechazado a todas. ¿Cómo vas ahora a casarte con ella? La bruja se arregló burlonamente el pelo y dijo: -Es el precio que ha pagado para que yo te cure. -¡No!- gritó el rey-. Me opongo. No permitiré esta locura. Prefiero morir. -Está hecho, majestad- dijo Galahad. -Te prohíbo que te caces con ella- ordenó Arturo. -Majestad- contestó Galahad-, existe solo una cosa en el mundo más importante en el mundo que una orden tuya. Y es mi palabra. Yo hice un juramento y me propongo cumplirlo. Si tú te murieses mañana, habría dos eventos en un mismo día. El rey comprendió que no podía hacer nada para proteger a su amigo de su juramento. -Nunca podré pagar tu sacrificio por mí, Galahad, eres más noble aún de lo que siempre supe-. El rey se acercó a Galahad y lo abrazó-. Dime aunque sea que puedo hacer por ti. A la mañana siguiente, a pedido del caballero, en la capilla del palacio el sacerdote casó a la pareja con la única presencia de su majestad el rey. Al final de la ceremonia, Arturo entrego a Sir Galahad su bendición y un pergamino en el que cedía a la pareja los terrenos del otro lado del río y la cabaña en lo alto del monte. Cuando salieron de la capilla, la plaza central estaba inusualmente desierta; nadie quería festejar ni asistir a esa boda; los corrillos del pueblo hablaban de brujería, de hechizos trasladados, de locura y de posesión… Galahad condujo el carruaje por los ahora desiertos caminos en dirección al río y de allí por el camino alto hacia el monte. Al llegar, bajó presuroso y tomando a su esposa amorosamente por la cintura la ayudó a bajar del carro. Le dijo que guardaría los caballos y la invitó a pasar a su nueva casa. Galahad se demoró un poco más porque prefirió contemplar la puesta del sol hasta que la línea roja terminó de desaparecer en el horizonte. Recién entonces Sir Galahad tomo aire y entró. El fuego del hogar estaba encendido y, frente a él, una figura desconocida estaba de pie, de espaldas a la puerta. Era la silueta de una mujer vestida en gasas blancas semitransparentes que dejaban adivinar las curvas de un cuerpo cuidado y atractivo. Galahad miró a su alrededor buscando a la mujer que había entrado unos minutos antes, pero no la vio. -¿Dónde está mi esposa?- preguntó. La mujer giró y Galahad sintió su corazón casi salírsele del pecho. Era la más hermosa mujer que había visto jamás. Alta, te tez blanca, ojos claros, largos cabellos rubios y un rostro sensual y tierno a la vez. El caballero pensó que se habría enamorado de aquella mujer en otras circunstancias. -¿Dónde está mi esposa?- repitió, ahora un poco más enérgico. La mujer se acercó un poco y en un susurro le dijo: -Tu esposa, querido Galahad, soy yo. -No me engañas, yo se con quién me case- dijo Galahad- y no se parece a ti en lo más mínimo. -Has sido tan amable conmigo, querido Galahad, has sido cuidadoso y gentil conmigo aún cuando sentías que aborrecías mi aspecto, me has defendido y respetado tanto como nadie lo hizo nunca, que te creo merecedor de esta sorpresa…La mitad del tiempo que estemos juntos tendré este aspecto que ves, y la otra mitad del tiempo, el aspecto con el que me conociste…- La mujer hizo una pausa y cruzó su mirada con la de Sir Galahad-. Y como eres mi esposo, mi amado y maravilloso esposo, es tu privilegio tomar esta decisión: ¿Qué prefieres, esposo mío? ¿Quieres que sea esta de día y la otra de noche o la otra de día y esta de noche?
-Ya que eres mi esposa, mi amada y elegida esposa, te pido que seas…la que tú quieras ser en cada momento de cada día de nuestra vida juntos…
Cuanta la leyenda que cuando ella escucho esto y se dio cuanta que podía elegir por sí misma ser quien ella quisiera, decidió ser todo el tiempo la más hermosa de las mujeres. Cuentan que desde entonces, cada vez que nos encontramos con alguien que, con el corazón entre las manos, nos autoriza a ser quienes somos, invariablemente nos transformamos. Abandonamos para siempre la horribles brujas y los malditos ogros que anidan en nuestra sombra para que, al desaparecer, deje lugar a lo más bellos, amorosos y fascinantes caballeros y princesas que yacen, a veces dormidos, dentro de nosotros. Hermosos seres que al principio aparecen para ofrecerlos a la persona a la persona amada, pero que terminan infaliblemente adueñándose de nuestra vida y habitándonos permanentemente. Éste es el aprendizaje cosechado a lo largo del camino del encuentro. El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar a otro para que sea quien es.
Mucho más allá de que esa autenticidad sea o no de mi conveniencia. Mucho más allá de que, siendo quien SOS, me elijas o no a mí para continuar juntos el camino. 9/30/2006 Cuentos Hot Un instante en la sala de espera
Te vi entrar con tu indiferencia acostumbrada. Hablaste unos momentos con quienes te encontraste en el camino que dirigió tus pasos a la sala custodiada por el cuadro del Gobernador. Sabía que estarías haciendo antesala, sólo, justamente el tiempo suficiente como para atreverme a acercarme a ti.
Cuando entré a la sala estabas de espalda contemplando el impresionante paisaje que Ciudad Universitaria ofrece en el sexto piso. Tu imagen tan despreocupada me alentó a acercarme sigilosamente hacia ti. Contuve la respiración un momento y mi dedo índice se atrevió a tocarte, suave y seductoramente a través de tu columna hasta llegar al inicio de tus caderas. Te sorprendiste y yo impedí que voltearas, lo único importante era que sintieras que estaba ahí, detrás de ti, produciéndote una sensación intensa cuando mis manos recorrieran todo tu cuerpo.
Me acerqué un poco más, mis brazos pasaron por debajo de los tuyos y te estreché hacia mí. Te sentí estremecer cuando sentiste mi pecho en tu espalda. Mis manos recorrían afanosamente tu pecho como si quisieran sentir tu piel a través de tu ropa, logré zafar tu camisa y por fin el tocarte fue una realidad. No podía yo dejar de acariciar tu pecho, tu tórax, tus pezones… quería tocar cada centímetro de tu cuerpo y mis manos empezaron a buscar algo más.
Mientras intentaba rozar con mis labios tu cuello, besar el lóbulo de tu oreja y sentir tu olor, no pude evitar encontrarme con el cierre de tu pantalón, mismo que abrí con sigilo para liberar aquello que mis manos buscaban ansiosamente. Encontré tu vientre, tus ingles y el calor que mis caricias te estaban provocando. Suavemente toqué, acaricié, rocé, palpé y froté lo encontrado hasta que ya fue imposible evitar que voltearas y me besaras apasionadamente. Tus manos ahora fueron quienes encontraron mi cuerpo y lo recorrieron afanosamente buscando bajo mi ropa, la piel. Sentí como me estrechaste hacia ti tomándome de las caderas y sentí que estabas listo para entregarte.
Mis manos no dejaban de explorar e instintivamente desaparecí de tu vista un momento para que ahora mis labios buscaran tu vientre. Mis manos, cómplices de este juego de seducción, abrieron paso para que pudiera yo besar lo que ya habían descubierto. Tu respiración se entrecortó cuando permitiste que mi boca te alcanzara, te tomara, te besara, te saboreara y sentí cómo te estremeciste al notar que mi aliento se había apoderado completamente de ti. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero fue el suficiente como para que por fin buscaras mi abrazo, mis pechos, mi espalda, mi cintura, mis caderas, mis muslos, mis ingles, mi humedad… tus manos fueron ahora quienes buscaron y encontraron que ahora yo era quien estaba lista para entregarme a ti. Nos besamos nuevamente, entrecerré los ojos y levanté ligeramente mi cabeza hacia atrás invitándote a que me poseyeras, ya que sin saber cómo, me senté en el borde de la mesa, subí sugerentemente mi falda corta y cuando tú notaste que no había nada que te impidiera llegar hasta mi, sin dudarlo un instante me estrechaste entre tus brazos y sentí como entrabas en mí. La sensación de esa primera penetración nos hizo soltar un breve, pero intenso, suspiro. Mis manos recorrían una y otra vez tu espalda con ansiedad, mientras tú estrechabas mis caderas hacia ti, como si en esa única penetración nos fuera la vida. Tu piel y mi piel al unísono gritaban “te deseo” pero no hacíamos el menor ruido a pesar de la intensidad y fogosidad del momento. Imaginé la escena de aquel libro donde los personajes Obdulia y Luis, hacían el amor furiosamente en el campamento… pero en silencio.
Estábamos haciendo el amor, en ese momento el mundo se detuvo y sentí que explotaba cuando descubriste mi pezón que se escapó de entre mis ropas y lo devoraste ávidamente. Mis manos en tus caderas, estrechándote hacia mí y sintiendo que estabas tan, pero tan dentro de mí. Besábamos, estrujábamos, sacudíamos, subíamos y bajábamos apasionadamente y se iba incrementando cada vez más el disfrute mutuo de la fusión de nuestros cuerpos. Tu aliento agitado me marcó el momento en que estabas a punto de entregarme tu explosión de placer, yo también sentía que me hervía el vientre y te susurré al oído que en ese momento estaba yo explotando también. Milagrosamente y como una casualidad que no pudo ser más oportuna, ambos pudimos compartir al mismo tiempo ese intercambio de fluidos que marcan la cúspide del éxtasis, la entrega total y absoluta de que no sólo nuestros cuerpos estaban fusionándose en ese momento, sino también nuestras almas y algo más. El momento de mayor éxtasis fue tan intenso que el riesgo había valido la pena. El mundo estaba totalmente detenido en ese instante y lo sabíamos. Nos abrazamos amorosamente y sentimos un remanso. El saber que esa penetración nos había unido para siempre, nos hizo aterrizar lánguida y felizmente de ese paseo por las nubes que habíamos vivido unos instantes antes.
Recuerdo que tu mirada penetró en mis ojos tanto o más como lo habías hecho en mi cuerpo, acaricié tu rostro, me besaste en los labios tiernamente, nos dijimos un te quiero y nos sonreímos con complicidad… mientras yo amorosamente acomodaba tu ropa y tú la mía.
No dijimos más. No era necesario. Nuestros cuerpos hablaron por sí mismos y era nuestro secreto. La realidad estaba cerca y debíamos separarnos. Tomé tus manos y te besé con nostalgia por tener que apartarme de ti, pero era el momento de partir. Lentamente te solté y coquetamente me alejé… tu mirada me siguió hasta que llegué a la puerta de la sala y antes de salir te mandé un último beso con ese dedo índice que empezó todo…
Me sonreíste. Te sonreí. Salí de la Sala y tú volviste al ventanal. Pocos minutos después estabas ya en tu audiencia. Me pregunté si tú al igual que yo, al estar nuevamente instalado en la realidad pensabas en esa brevísima aventura erótica y mágica que habíamos compartido tan sólo unos minutos atrás…
LA APUESTA
Recuerdo que mi única preocupación era contar los días que faltaban para salir de ese horrible colegio de monjas que me asfixiaba angustiosamente. Siempre fui una mujer extraña, lo confieso, pero ahí me hice doblemente extraña, depresiva, introvertida y rebelde.
Finalmente me decidí a asistir a esa fiesta que organizaron mis compañeras del colegio. Al llegar, me sentí fuera de lugar, como si me faltara el aire. “¿Qué hago aquí?”, pensé enfadada. La anfitriona fue cortés al recibirme –aunque sorprendida porque seguramente pensó que no iría- y se me ocurrió que podría aprovechar para observar ese medio que conocía tan poco. Tenía una buena oportunidad de ver más de cerca los comportamientos de mis compañeras y hasta analizar un poco el por qué no era como ellas.
El experimento fue entretenido aunque poco interesante. Coqueteos, flirteos, grupos de chicas con sonrisitas bobas y las respectivas miradas furtivas de los muchachos hacia ellas, los bailes sensuales, los besos robados, las bromas. El espectáculo me resultaba primitivo, trivial, absurdo y lo mejor era que nadie se había dado cuenta de mi presencia (como siempre). Observaba el placer ajeno sin que nada me distrajera hasta que…
Yo, la invisible, había sido descubierta por unos ojos que me miraban como si adivinaran lo que pensaba. Me sentí como un ladrón al que descubren in fraganti y evadí por un instante la mirada tratando de escapar. Me incomodé y estuve jugueteando con el vaso que tenía entre mis manos. Era un joven alto, espigado y se veía muy pálido (creo que la gabardina negra lo hacía verse así). Estaba solo, fumaba un cigarrillo recargado en la pared y sus ojos obscuros recorrían el lugar –y a mí- como un radar, como si pudiera ver no sólo nuestros cuerpos, sino también nuestros secretos. Me pareció entender que seguramente él también era el “raro” de algún grupo y habría asistido a esa fiesta por el mismo motivo que yo: simple curiosidad. Me gustó pensar que había alguien ahí, en ese salón, acompañándome a estar sola.
De pronto, apagó su cigarrillo y su mirada se clavó insolentemente en mí. Sus ojos parecían encendidos, me miraba retadoramente y no tenía escapatoria. El tiempo se detuvo mientras se aproximaba hacia donde yo estaba. El encuentro era inevitable e impulsivamente me puse de pie. Por breves instantes, sentimos la cercanía de nuestros cuerpos, de las respiraciones acompasadas y sin saber nuestros nombres, ni haber escuchado nuestras voces, era como si nos conociéramos desde siempre. Contuve la respiración cuando me susurró al oído: “Vámonos de aquí. Ya hemos visto suficiente”.
Me paralicé. ¿Cómo era posible que siendo tan transparente en todo sentido, invisible por decirlo así, hubiera sido descubierta de tal forma por un extraño? ¿Cómo sabía él lo que estaba pensando? No pude negarme, más bien no pude decir nada y sólo sentí cómo me tomó de la mano y salimos del lugar. Sus largos dedos me apretaban firmemente y su mano estaba fría, aunque en realidad me pareció sentirla cálida. Hacía tanto tiempo que nadie me tomaba de la mano…
Lo observaba de reojo y seguía preguntándome: “¿Qué es lo que quiere de mi? ¿Por qué yo? ¿De dónde salió este tipo tan arrogante?”, pero no me atrevía a decir nada.
Mientras mis pensamientos me atormentaban, repentinamente nos detuvimos ante una basta línea de arbustos que cercaban celosamente un parque muy arbolado, débilmente iluminado por unos lagañosos farolitos. En esa penumbra, descubrimos apenas una jardinera que abrazaba un árbol enorme y misterioso, cuyas ramas parecían languidecer sobre nosotros cuando nos sentamos en la base del tronco. Entonces sus ojos, como brasas incandescentes, se encontraron nuevamente con los míos y sentí su cálida ráfaga en mi corazón dormido, solo, oscuro y sin vida. Tomó mis manos entre las suyas y me dijo sin titubear: “Estoy aquí para darte vida, ¿acaso no lo sientes?” Me sentí tan vulnerable que no pude evitar que corriera una lágrima por mi mejilla.
Balbucee: “¿Cómo sabías?... ¿Por qué yo?...”. No contestó, sonrió maliciosamente y me besó con ansiedad. Sus manos frías y cálidas a la vez, comenzaron a recorrer cada centímetro de mi cuerpo agitadamente y mi entrega fue incondicional. Dejé de pensar y sólo me permití sentir, sentirlo tan cerca. Nuestros cuerpos se encontraron, se entendieron y en el regazo de ese árbol -testigo mudo de nuestra pasión- fundimos nuestras soledades. Su calor me hizo percatarme de que la sangre corría nuevamente por mis venas, llenándome de vida, de esperanza... Entonces supe que ya no podría escapar de su misterio, de ese imán que me hechizaba y me ataba a su presencia. Me sentía mareada, no sabía bien qué era lo que estaba pasando, pero me sentía tan bien... Cuando nos despedimos, me besó en la mejilla y se fue.
Esa noche no dormí, tampoco las noches subsecuentes. Naufragué en un mar de confusión. Me asustó pensar que la vida me retó con aquel encuentro que marcaba irremediablemente un antes y después. Descubrí que bastaba cierta circunstancia o un momento inesperado –predestinado tal vez- para despertar mi espíritu extraviado e indicarle el camino para regresar a donde de veras pertenece.
Recordaba cómo su piel despertó mi espíritu de golpe, cómo mi alma se alejó de las tinieblas, rescatándome del vacío, de la nada en que estaba convertida. Añoraba decirle que me salvara, decirle que me sentía congelada sin él. ¿Acaso debía pagar algún precio? ¿Cuál sería?
Mi inseguridad me dictaba que tal vez nunca volvería a verlo. Quizá buscarlo sería inútil… Pero una noche decidí regresar a ese enigmático parque. Cuando llegué, ¡estaba ahí!, recargado en el árbol -cómplice de aquella primera vez-, fumando, con la misma gabardina negra, tan pálido… como si el tiempo se hubiera detenido desde aquel fugaz encuentro. Me sonrió y corrí hacia él. Nos dimos un abrazo largamente ansiado y le escuché decir: “Te he estado esperando todas estas noches. Por fin estás aquí”. Ansiosamente contesté: “Quiero estar contigo, cueste lo que cueste”. Me besó y entrecerré los ojos, entregándome nuevamente sin condición. Sentí un vértigo que pronto se volvió calma, me encontré inmersa en una energía que sólo su presencia podía emanar. Besó mi cuello y fue cuando supe que debía pagar el precio. No podía negarme y tampoco quería hacerlo. No dudé ni un instante al ofrecerle hasta la última gota de mi sangre, esa sangre que él encendió y que ahora reclamaba toda por derecho.
La salvación estaba completa -¿completa, si apenas lo conocía?-. Cuando abrí los ojos, descubrí, en efecto, un mundo distinto, una dimensión extraña pero que me llenaba de plenitud. No habría más soledad, ni desesperación terrenal: por fin estaba yo viviendo, porque amor mío, tú eres la vida más allá de la muerte. ¿Lo eres?
8/29/2006 Aporte de mi amigo RaúlSI PUDIERA VOLVER
Si pudiera volver a verte... trataría de comenzar de nuevo.
Te tomaría la mano para iniciar el sendero que aquella vez que nos vimos nos quedaría pendiente.
Si pudiera volver a verte... tus cabellos color sol tomaría con mis dedos.
Recorrería tu cuerpo con amor y con recelo sin la impaciencia de siempre.
Si pudiera volver a verte... tus labios encontrarían mi boca fresca y ardiente.
Elegiría una esquina para besarte hasta siempre bajo una lluvia deseosa de templar nuestro amor candente.
Si pudiera volver a verte... Sería... pintor campestre. Vería el océano verde para que sea pradera y nuestro amor se convierta en cabalgata silvestre. Si pudiera volver a verte... no te amaría como antes.
Despejaría tus dudas comprendería tus miedos sería tu amante guía viviría toda mi vida a cuidarte eternamente.
Si pudiera volver a verte... construiría nuestro hogar con firmeza de simientes.
Ya no sería de arcilla no habría más temores no tendría las distancias que tuvieron nuestras paredes.
Si pudiera volver a verte... no escribiría estos versos con el corazón doliente.
Simplemente viviría tan sólo para quererte.
Si pudiera volver a verte... hoy no estaría tan triste por no poder ya tenerte.
Pero ya ves, no puedo volver a verte ...tan solo imaginarte.
POR TI LLORO, ARGENTINA Qué podemos oír de políticos corruptos insensibles, desalmados muchas veces incompetentes pero que están acomodados que enarbolan sus promesas con discursos de quimeras mientras el pueblo padece la educación desaparece y el jubilado vegeta en las privaciones de gozar de una vejez tan digna como lo fue su adultez
Qué podemos ver en la decadente TV que muestra con desenfado sexo en cualquier horario y un vocablo improcedente en niños y adolescentes manejando con desparpajo lo que comercialmente se vende sin respeto a la cultura de un país como la gente
Qué podemos esperar del extranjero sirviente que regala su oficio por monedas y cobijo si nosotros entre hermanos hijos de una misma tierra un pueblo hicimos volar para poder ocultar los negocios de una guerra y hoy reclamamos justicia mientras los muertos ...muertos están
Qué podemos heredar de un país abastecido por la impunidad comprada la justicia devaluada y un emporio de mentiras de quién llega al poder en sus distintos niveles la cuestión no es más que cortar una porción de la torta que aunque pequeña que sea igual ayuda a engordar
Qué podemos parir sino son padecimientos que en cobertura social prepagamos la salud y ante alguna adversidad sólo nos queda rezar que el matriculado en turno tenga vocación de oficio y no campos que saldar
Qué podemos escribir de este perpetuo sufrir mientras que los vende patria sus cuentas transfieren ya y nosotros padecientes de este suelo tan querido solo nos queda el mar pero no bajemos lo | |||